lunes, 31 de marzo de 2014

TIERRAS ROJAS, de Joe Abercrombie


Esta reseña la publiqué no hace mucho en la revista literaria Vísperas, donde ahora colaboro con algunas opiniones de los libros que leo. 

Ficha técnica: 
Autor: Joe Abercrombie
Editorial:
Colección: Runas
Páginas: 632
Publicación: Noviembre de 2013
Precio: 22,00 €
ISBN: 978-84-206-7805-4
Temática: FANTASÍA

Sinopsis:
Shy Sur creía haber enterrado su sangriento pasado, pero tendrá que recuperar algunos de sus viejos hábitos para rescatar a sus hermanos. Comienza la persecución con un par de bueyes y su cobarde padre adoptivo Lamb por toda compañía. Pero Lamb también tiene sus propias cuentas por ajustar… El viaje por las áridas llanuras, marcado por viejas hostilidades, duelos y matanzas, los conducirá a un enfrentamiento con los Fantasmas. Peor aún, les obligará a aliarse con Nicomo Cosca, infame soldado de fortuna, y su abogado Temple, dos hombres de los que nadie debería fiarse.

Opinión personal:
Estamos ante una nueva obra de Abercrombie. Para aquel que no sepa de quién hablamos, baste saber que este joven británico está considerado uno de los más importantes autores en literatura fantástica de la actualidad. Su primera obra, la trilogía La voz de las espadas, ha marcado un punto de inflexión en el género y muchos imitadores siguen ya sus pasos.

En esta novela, la sexta que publica ambientada en el mundo imaginario en el que ubica sus narraciones, Abercrombie nos cuenta una historia de vaqueros. Sí. Si su trilogía inicial tenía un aire medievalista, las dos siguientes renacentista, esta se basa totalmente en una ambientación de las películas y novelas del oeste. Y como es típico en sus libros, no se deja fuera ni un solo cliché del género. No hay un arquetipo que Abercrombie no utilice, no explote y no manipule a su conveniencia para presentarnos una historia al más puro estilo de Zane Grey, Antony Mann, Howard Hawks o Sergio Leone. Pero eso sí, con la crudeza y el realismo que le caracterizan.

Que nadie espere en Tierras Rojas otra fantasía que no sea la de un territorio inventado, con su estructura política propia, y unos «indios» un poco atípicos físicamente. El resto… si nos dice que se trata de un lugar de Utah, Arizona o de la misma cuenca del Tonto, nos lo creemos a pies juntillas. Otro factor de diferenciación con cualquier novela del oeste es la falta de armas de fuego. Solo armas blancas aparecen en ella, pues debía mantener la coherencia con la ambientación de su mundo. Y lo hace muy bien. No se echan de menos en ningún momento los rifles ni los revólveres.

Como he comentado anteriormente, la novela no se deja ni un solo cliché del género sin tocar, pero lo hace bajo la ácida y sarcástica mirada del autor. Desde el ataque a la granja y el rapto de los niños, hasta la ciudad minera y sus salones, pasando por la caravana, el explorador, el ataque de los salvajes o las bandas de forajidos. Todo es tratado con tacto exquisito, y el aficionado al género no puede sino ir sonriendo a cada paso al visualizar escenas de tantas y tantas películas. Es como paladear algo nuevo y a la vez conocido, sabiendo que vamos a disfrutarlo, pues nos habla de los temas eternos: la lealtad, el amor, el honor, la búsqueda de la subsistencia, cada uno con los medios que tiene a su alcance… y sobre todo, la redención, la capacidad de volver a empezar, de labrarnos una nueva vida en otro mundo, en otro ambiente, de esas segundas oportunidades, o terceras, o cuartas, que hay que aprovechar.

Como siempre, lo que más destaca de este autor, además de sus historias, bien urdidas, bien desarrolladas y muy bien narradas, son sus criaturas. Es capaz, con solo dos trazos, de metérnoslas bajo la piel, con habilidad y simpleza. Se podría decir que sus personajes son también arquetipos, pero la gran evolución que desarrolla en ellos, la cantidad de matices de gris que presentan, definidos con unos diálogos vibrantes e intensos, nos abren un abanico de personas tan reales que la historia se desenvuelve casi sola y aunque se mueva en lugares comunes, siempre nos parece nueva, porque la historia de estos seres nunca nos la habían contado. Esa es la gran baza de este escritor: sabe convertir a sus personajes en personas a las que les pasan cosas, y eso es lo que hace que el lector se sumerja por completo.

Los principales son también típicos y tópicos de las historias del oeste: Lamb, el forastero grande y silencioso, que nunca se sabe de donde llegó a la granja, pero que se ha convertido en alguien imprescindible y acompaña como padre y protector a la protagonista. Perfecto personaje para ser encarnado por un John Wayne es su época más madura, la de Valor de ley, o casi mejor, un Lee Marvin en La leyenda de la Ciudad sin Nombre.

Luego tenemos a Shy, la joven granjera, mestiza de fantasma, como llaman allí a los salvajes que pueblan el territorio, hija adoptiva de Lamb, o algo así. Maureen O'Hara, o Shirley McLane podrían haberla interpretado perfectamente. Como todos los personajes de Abercrombie, oculta mucho más de lo que aparece a simple vista, y la incógnita por saber que hay detrás de estos dos, en apariencia tan anodinos y a la vez tan intrigantes, hace que no soltemos la novela hasta el mágico final, cómo no, propio del género.

Acompañados de un magnífico coro de secundarios en el que no falta el joven abogado metido a forajido, el jefe de la caravana, el explorador acompañado de un nativo, el visionario que parte a tierras lejanas a llevar sus inventos, la madame del salón… pero al igual que todos ellos, retorcidos, extradimensionados y parodiados hasta convertirse en gente tan real como cualquier vecino de los que pueblan nuestra escalera.

Respecto al lenguaje y la técnica literaria, Abercrombie tiene una prosa directa, culta y con gran riqueza de vocabulario, pero con un estilo plano y sencillo que llega con facilidad y naturalidad a cualquier tipo de lector. Su novela, a medias entre género fantástico y el western, se lee con facilidad, casi se puede decir que se devora, ya que la agilidad con la que está escrita es tanta como el ritmo trepidante que le imprime a toda la novela. Enormemente coherente en todos los detalles, con una estructura sencilla, en tres tramas paralelas que se entrelazan para confluir al final, consigue mantener la tensión y el interés en todas sus escenas. Si bien Abercrombie es conocido por ser un autor duro, directo, casi brutal, esta novela me ha parecido menos cruda y menos desagradable que lo que viene siendo habitual en él. Eso o yo ya me he acostumbrado a su hiperrealismo. La verdad es que siempre me ha gustado esa forma tan directa y tan clara de contar las cosas, sin escatimar sangre, vísceras, dolor, sexo o emociones.

Con descripciones simples y cuidadas, que no se hacen pesadas en ningún momento, el narrador omnisciente nos va mostrando unos paisajes que, junto con los personajes, se mueve de una cordillera a otra, atravesando las llanuras y cruzando los ríos, para llegar a las tierras lejanas, esas en las que el hombre blanco acaba de asentarse y se ha descubierto oro.

Esta es una novela muy especial. Creo que a todo lector amante de las aventuras, que ha disfrutado en algún momento de las películas del oeste, o de las novelas de Zane Grey, de James Oliver Curwood, de Karl May, o incluso de Marcial Lafuente Estefanía, puede disfrutar. Creo que si Sergio Leone pudiera leerla, no dudaría en hacerla suya. Con ella, estoy segura, Abercrombie ha querido rendir un sentido homenaje a un género que hoy por hoy no goza de excesivo prestigio, pero que sin duda, ha disfrutado como espectador atento.

Literariamente, no es una obra maestra de la literatura. Ya hemos dicho que su estilo es muy simple y directo, y su prosa muy escueta como para que podamos considerarlo así, pero sin duda, es una gran novela, narrada con mucha agilidad y que engancha con habilidad al lector. Tampoco se puede considerar una novela comercial. La carga de crudeza, la cantidad de capas y matices de los personajes y los guiños continuos al género la hacen adecuada a lectores que gustan de la crudeza del cine de Tarantino o de Sergio Leone. No hay nada edulcorado ni almibarado, y cuando piensas que estás en una escena de esas características, el autor consigue darnos con ella en las narices y dejarnos un tanto tambaleando.

Como fallos a señalar, pues no es una obra perfecta, cabe nombrar una traducción, en algunos momentos, poco afortunada a la hora de redactar las frases, así como dos páginas en las que sin venir a cuento, y sin que se repita en otro momento de la novela, cambia del tiempo pasado al presente y retoma el pasado a mitad de párrafo en ambas ocasiones, cosa que descoloca un tanto al lector. Una corrección más esmerada no habría venido nada mal.

Pese a ello es una buena novela, muy recomendable, altamente adictiva. Yo he disfrutado mucho con ella, pero creo que el lector debe saber qué es lo que se va a encontrar, ya que, al estar el autor encasillado en el género fantástico, puede decepcionar a quien busca magia, dragones, vampiros o razas extrañas.

Eso sí, cabe señalar el acierto de los portadistas. El diseño de la cubierta es realmente atractivo y acorde al contenido.

Solo espero que si algún lector de esta reseña se hace el ánimo de leerla, la disfrute tanto como lo he hecho yo.