jueves, 19 de mayo de 2011

Wagner y El anillo del nibelungo: La fantasía épica y la mitología hecha música

F.Frazetta.

Aunque la idea de este blog es hablar de aquello que aparece en su título, los libros y los mitos, hoy vengo a hablar de música. Hoy subo al blog la primera parte de un artículo sobre Wagner y su tetralogí“El anillo del Nibelungo”. Lo he dividido en dos debido a su extensión, y también, cómo no, dado mi natural serio y enciclopédico, (por no decir coñazo directamente) a mi intención de que se haga más liviana su lectura para aquellos osados que se asomen a estas líneas.


En esta primera parte os narraré brevemente las andanzas de tan bizarro compositor e intentaré explicar a los más profanos la importancia que este hombre tuvo para la lírica, como adelantado en la música al igual que en muchas de sus ideas.

En la segunda parte os destriparé, inmisericorde, la magnífica historia que se desgrana a lo largo de las cuatro óperas que conforman la única tetralogía de estas características de la historia de la música y las cuatro piezas más famosas de la ópera alemana.


Wagner: pequeña semblanza biográfica

Richard Wagner
Creador del drama musical y renovador del género operístico, Richard Wagner amplió el horizonte del teatro lírico al establecer las bases de una ópera alemana, en la que la acción dramática prima sobre el virtuosismo vocal.

Nacido en Leipzig, Alemania en 1813, en el seno de una familia acomodada  que pronto se ve sacudida cuando su padre, inspector de policía, muere. La posterior boda de su madre con un actor de teatro, amigo de la familia y de quien se sospechó siempre que era el verdadero padre de Richard, le sumerge en el mundo de la escena, un mundo que lo fascinó y lo marcó para siempre.

En sus inicios artísticos se decantó por la poesía, claramente influido por su tío Adolf Wagner, filólogo, historiador y librepensador que se hizo cargo de su tutela a la muerte de su padrastro y que le inculcó el amor por la  mitología, la leyenda y la historia.

Estudiante irregular, temperamental, volcado solo con lo que le atraía y conflictivo con sus compañeros, a los 15 años abandonó los estudios y su afición por la poesía. Su encuentro con Carl María Von Weber,  asiduo a las reuniones que tenían lugar en casa de su madre a raíz del trabajo de su hermana Clara en el teatro, así como su aprendizaje con el piano, influyó decisivamente en el abandono de su vocación poética para centrarse en la música.

Pero no fue con un estudio reglado y sistemático. Músico prácticamente autodidacta que tomaba lecciones esporádicas aquí y allá de lo que le interesaba, consiguió a los 27 años, después de una época turbulenta de jugador y duelista, estrenar su primera pieza, de tipo sinfónico que fue seguida de varias más hasta la composición de su primera ópera, Las Hadas, (1833) basada en un cuento  dramático de Gozzi. En esta primera época que llega hasta la composición de Rienzzi en 1838, subsiste como director de orquesta y se hace sentir la influencia del género tradicional. En una segunda etapa, desde El holandés errante (1841) hasta Lohengrin (1846), sienta las bases del futuro drama musical, comenzado en 1852 con el libreto de la tetralogía El anillo del nibelungo   y culminado en 1882 con su último gran drama sacro Parsifal. 

Luis II de Baviera
Hombre apasionado por sus ideales, egocéntrico y dominante, Wagner llevó una vida agitada y encendió polémicas por doquier. Tuvo adversarios acérrimos y no menos decididos partidarios y amigos, a los que usó con el desenfreno propio del genio que está convencido de su propia valía y por ello cree tener derecho a apoyo y protección sin límites. Gracias al mecenazgo del rey Luís II de Baviera, enamorado perdidamente del carisma y del genio del artista, edificó en Bayreuth la Fedtpielhaus, el teatro donde se estrenaron sus principales obras y donde se siguen representando anualmente, como si de un rito sagrado se tratara para sus seguidores.

Tumba de Wagner
El 13 de febrero de 1883, a los 69 años, muere de un ataque al corazón en Venecia, donde se había retirado la familia para propiciar el descanso del compositor, agotado tras el estreno en la Fiedtpielhaus de Parsifal. Desde allí es llevado, primero en góndola,  luego en tren, a Bayreuth, donde reposó el ataúd hasta que se produjo el entierro, el domingo siguiente. De allí salio en solemne procesión, acompañado de una multitud y bajo los acordes de la marcha fúnebre de Siegfried, de El ocaso de los dioses, hasta  Wahnfried, su casa, donde fue enterrado.


Wagner libretista
Toda ópera necesita un texto, una base literaria que recibe el nombre de Libreto, en el que en verso o en prosa se desarrolla el argumento del drama, ya sea tragedia o comedia. Sobre él, el compositor debe inspirarse para fabricar la música. Desde el principio del género operístico eso ha significado una colaboración literario-musical entre el libretista y el compositor, de cuya posible armonía nace una obra más o menos valiosa.

Una de las grandes renovaciones que hace a la ópera es la finalización de la duplicidad libretista-compositor. Wagner, autosuficiente, deseoso de plasmar en la escena sus ideas dramáticas y filosóficas, se convierte en su propio libretista, de lo que resulta la figura completa del poeta-dramaturgo-compositor, cuya música sirve a sus mismos fines teatrales.

Las Hadas
Así desde sus primeros trabajos al respecto que no pasaban de ser exaltados ensayos escolares, hasta la primera ópera proyectada, pero normalizada, Las bodas, ya Wagner las escribió con el correspondiente desarrollo dramático ideado por él mismo. A partir de Las hadas, los libretos salieron completos de su mente. En general son exaltados, ampulosos, de recargada expresión y barroco léxico. Pero el mejor medio para rellenarlos musicalmente con propiedad era que hubiesen brotado de la misma fuente.

El valor literario de los libretos de Wagner ha sido modernamente puesto en entredicho. Su alemán arcaico, lleno de redundancias, de onomatopeyas, de inútiles repeticiones causa, sin duda, no poca de la monotonía que acompañaba veces a pasajes interminables con la música convertida en servidora de la poesía y subordinada a su expresión farragosa, pero incluso si todo eso fuera cierto y no resultado de una disparidad de criterios entere compositor y crítico, no podemos dejar de reconocer la inmensa ventaja a la que aludíamos: la de la unidad de intención, de expresión, tan difícil de encontrar habitualmente en esa colaboración libretista-.compositor que está en la base de la obra operística

Cantantes y voces wagnerianas:

Hay un tipo de óperas que pueden ser cantadas por cualquier voz, dentro de la tesitura especial que requiere cada personaje, pero hay compositores que imprimen tanto carácter a la totalidad de sus óperas, como es el caso de Wagner, que puede hablarse de “cantantes  wagnerianos”. Esto significa que dichos cantantes han de tener unas determinadas condiciones para poder cantar estas óperas, ya que requieren un estilo especial en el que la entonación sigue siendo precisa, pero es menos importante que el grito, la pasión, el temperamento. La extensión que se pide suele ser la ordinaria para cada tesitura, pero es el modo de atacar las notas la intensidad, la ferocidad que a veces se emplea para traducir sentimientos  y e mociones muchas veces primarios. Los personajes wagnerianos suelen participar del carácter especial de dioses o héroes,  o bien son amantes  apasionados dominados por grandes pesares. Cuando un artista  canta a Wagner pocos papeles están ya a su alcance, en el resto del repertorio, pues sus voces llegan a ser tratadas como instrumentos en un esfuerzo muchas veces antinatural.

El leitmotiv:

Hay que distinguir en la música de Wagner entre temas básicos o fundamentales  y leitmotiv o motivos conductores. La causa de la aparición de estas características figuras musicales es la melodía  o discurso continuado  que acabó  por adoptar Wagner a partir de Tristán e Isolda, pero que ya estaba implícito en sus otras obras anteriores. Anteriormente la ópera tradicional se dividía en números cerrados relativamente independientes musicalmente hablando. Con Wagner aparece por un lado el tema básico fundamental, que acompaña a toda la obra, sobre todo en los momentos fundamentales, y por otro los motivos conductores. Estos aparecen cuando un determinado personaje entra en escena,  acompañan durante toda la ópera,  y se combinan entre si para formar un discurso, con distinto carácter e instrumentación según la acción que se desarrolla en esos momentos. 

El anillo del nibelungo

Textos originales de la saga germana
En 1948  Wagner había encontrado en la biblioteca Real de Dresde unos manuscritos que trataban de la leyenda de los nibelungos y de Sigfrido, personajes típicos de la mitología germana que conforman una de las sagas más famosas de esta literatura. Escribió entonces un poema épico, La muerte de Sigfrido, incorporado después al libreto del primer acto de El ocaso de los dioses. Después estuvo años dándole forma mentalmente, hasta que surgió la idea de crear una ópera con la historia del joven Sigfrido. Poco a poco se fueron gestando los poemas y dando lugar  con posterioridad a La Valkiria y a El ocaso de los dioses, quedando así formada lo que en un principio iba a ser una trilogía. Pero cuando revisó los poemas en 1852 la convirtió en la famosa tetralogía que hoy conocemos al dividir la primera en ópera en dos partes: El oro del Rin y Sigfrido.



En septiembre de 1853, durante un viaje que hizo a Italia se alojó en un hotel de La Spezia para reponerse de unas fiebres que lo estaban consumiendo. Sumido en una especie de modorra le parece que se sumerge en una corriente de agua. De repente, el rumor del agua cobra carácter musical, el famoso acorde en mi bemol, que repetido una y otra vez que va adquiriendo armonía, y parece dotar de un oculto significado al mundo líquido en el que se encuentra sumergido. Se despierta aterrorizado y se da cuenta de que en su mente acaba de brotar el tema del preludio del oro del Rin, la primera de las cuatro óperas.

En el año siguiente termina las tres primeras óperas, pero las dejó aparcadas, sin la instrumentación durante un periodo que dura años, mientras compone otras óperas de corte épico y mitológico, como Tristán e Isolda, Parsifal, Lohengrin, Tannhäuser.

Las enormes dimensiones que están cobrando las óperas y las dificultades  que  presenta su representación hacen que se plantee la creación de un digno escenario para estrenarlas en público, con toda su magnificencia.

Es gracias al mecenazgo de Luis II de Baviera, que protege y ampara al compositor, totalmente enamorado de él, mientras que Wagner, casado, con una amante conocida ,y varios hijos, se deja querer para ver realizados sus sueños. Así, el teatro, la Fiedtpielhaus, se convierte en una realidad y con ella  el estreno de la tetralogía, ya que Wagner se negaba a estrenar las óperas de una en una, sino que quería que aparecieran como una continuidad.

 El 21 de noviembre de 1874, El anillo del Nibelungo estaba concluido, 26 años después de que descubriera los antiguos textos germanos. Pero hasta el 13 de agosto de 1876 no se estrenaron ambos, teatro y óperas, con un gran éxito de público y crítica. 

2 comentarios:

  1. Que te entierren con la marcha fúnebre de Sigfrido debe ser algo morbosamente bello. Es de las melodías más hermosas que he oído nunca.
    Yo tenía entendido que sí que llegó a estrenar El Oro del Rin de forma independiente y fue un fiasco, que por eso luego re-estrenó todo de golpe y es cuando funcionó (como cabía esperar).
    Claro queda que tuvo la vida de un auténtico romántico, temperamental y contradictorio.

    Esperaré la segunda parte del artículo con ganas, Shilar :)

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  2. Esa música me pone los pelos de punta, no lo puedo evitar. Sigfrido es mi ópera favorita.
    El Oro del Rin no se estrenó como ópera tal cual, sino como concierto y en fragmentos, pese a la oposición del autor. de ahí el fracaso que tuvo.
    Mañana subo la segunda parte, que me ha dado un poco de guerra por los enlaces a las óperas ;)
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