lunes, 31 de marzo de 2014

TIERRAS ROJAS, de Joe Abercrombie


Esta reseña la publiqué no hace mucho en la revista literaria Vísperas, donde ahora colaboro con algunas opiniones de los libros que leo. 

Ficha técnica: 
Autor: Joe Abercrombie
Editorial:
Colección: Runas
Páginas: 632
Publicación: Noviembre de 2013
Precio: 22,00 €
ISBN: 978-84-206-7805-4
Temática: FANTASÍA

Sinopsis:
Shy Sur creía haber enterrado su sangriento pasado, pero tendrá que recuperar algunos de sus viejos hábitos para rescatar a sus hermanos. Comienza la persecución con un par de bueyes y su cobarde padre adoptivo Lamb por toda compañía. Pero Lamb también tiene sus propias cuentas por ajustar… El viaje por las áridas llanuras, marcado por viejas hostilidades, duelos y matanzas, los conducirá a un enfrentamiento con los Fantasmas. Peor aún, les obligará a aliarse con Nicomo Cosca, infame soldado de fortuna, y su abogado Temple, dos hombres de los que nadie debería fiarse.

Opinión personal:
Estamos ante una nueva obra de Abercrombie. Para aquel que no sepa de quién hablamos, baste saber que este joven americano está considerado uno de los más importantes autores en literatura fantástica de la actualidad. Su primera obra, la trilogía La voz de las espadas, ha marcado un punto de inflexión en el género y muchos imitadores siguen ya sus pasos.

En esta novela, la sexta que publica ambientada en el mundo imaginario en el que ubica sus narraciones, Abercrombie nos cuenta una historia de vaqueros. Sí. Si su trilogía inicial tenía un aire medievalista, las dos siguientes renacentista, esta se basa totalmente en una ambientación de las películas y novelas del oeste. Y como es típico en sus libros, no se deja fuera ni un solo cliché del género. No hay un arquetipo que Abercrombie no utilice, no explote y no manipule a su conveniencia para presentarnos una historia al más puro estilo de Zane Grey, Antony Mann, Howard Hawks o Sergio Leone. Pero eso sí, con la crudeza y el realismo que le caracterizan.

Que nadie espere en Tierras Rojas otra fantasía que no sea la de un territorio inventado, con su estructura política propia, y unos «indios» un poco atípicos físicamente. El resto… si nos dice que se trata de un lugar de Utah, Arizona o de la misma cuenca del Tonto, nos lo creemos a pies juntillas. Otro factor de diferenciación con cualquier novela del oeste es la falta de armas de fuego. Solo armas blancas aparecen en ella, pues debía mantener la coherencia con la ambientación de su mundo. Y lo hace muy bien. No se echan de menos en ningún momento los rifles ni los revólveres.

Como he comentado anteriormente, la novela no se deja ni un solo cliché del género sin tocar, pero lo hace bajo la ácida y sarcástica mirada del autor. Desde el ataque a la granja y el rapto de los niños, hasta la ciudad minera y sus salones, pasando por la caravana, el explorador, el ataque de los salvajes o las bandas de forajidos. Todo es tratado con tacto exquisito, y el aficionado al género no puede sino ir sonriendo a cada paso al visualizar escenas de tantas y tantas películas. Es como paladear algo nuevo y a la vez conocido, sabiendo que vamos a disfrutarlo, pues nos habla de los temas eternos: la lealtad, el amor, el honor, la búsqueda de la subsistencia, cada uno con los medios que tiene a su alcance… y sobre todo, la redención, la capacidad de volver a empezar, de labrarnos una nueva vida en otro mundo, en otro ambiente, de esas segundas oportunidades, o terceras, o cuartas, que hay que aprovechar.

Como siempre, lo que más destaca de este autor, además de sus historias, bien urdidas, bien desarrolladas y muy bien narradas, son sus criaturas. Es capaz, con solo dos trazos, de metérnoslas bajo la piel, con habilidad y simpleza. Se podría decir que sus personajes son también arquetipos, pero la gran evolución que desarrolla en ellos, la cantidad de matices de gris que presentan, definidos con unos diálogos vibrantes e intensos, nos abren un abanico de personas tan reales que la historia se desenvuelve casi sola y aunque se mueva en lugares comunes, siempre nos parece nueva, porque la historia de estos seres nunca nos la habían contado. Esa es la gran baza de este escritor: sabe convertir a sus personajes en personas a las que les pasan cosas, y eso es lo que hace que el lector se sumerja por completo.

Los principales son también típicos y tópicos de las historias del oeste: Lamb, el forastero grande y silencioso, que nunca se sabe de donde llegó a la granja, pero que se ha convertido en alguien imprescindible y acompaña como padre y protector a la protagonista. Perfecto personaje para ser encarnado por un John Wayne es su época más madura, la de Valor de ley, o casi mejor, un Lee Marvin en La leyenda de la Ciudad sin Nombre.

Luego tenemos a Shy, la joven granjera, mestiza de fantasma, como llaman allí a los salvajes que pueblan el territorio, hija adoptiva de Lamb, o algo así. Maureen O'Hara, o Shirley McLane podrían haberla interpretado perfectamente. Como todos los personajes de Abercrombie, oculta mucho más de lo que aparece a simple vista, y la incógnita por saber que hay detrás de estos dos, en apariencia tan anodinos y a la vez tan intrigantes, hace que no soltemos la novela hasta el mágico final, cómo no, propio del género.

Acompañados de un magnífico coro de secundarios en el que no falta el joven abogado metido a forajido, el jefe de la caravana, el explorador acompañado de un nativo, el visionario que parte a tierras lejanas a llevar sus inventos, la madame del salón… pero al igual que todos ellos, retorcidos, extradimensionados y parodiados hasta convertirse en gente tan real como cualquier vecino de los que pueblan nuestra escalera.

Respecto al lenguaje y la técnica literaria, Abercrombie tiene una prosa directa, culta y con gran riqueza de vocabulario, pero con un estilo plano y sencillo que llega con facilidad y naturalidad a cualquier tipo de lector. Su novela, a medias entre género fantástico y el western, se lee con facilidad, casi se puede decir que se devora, ya que la agilidad con la que está escrita es tanta como el ritmo trepidante que le imprime a toda la novela. Enormemente coherente en todos los detalles, con una estructura sencilla, en tres tramas paralelas que se entrelazan para confluir al final, consigue mantener la tensión y el interés en todas sus escenas. Si bien Abercrombie es conocido por ser un autor duro, directo, casi brutal, esta novela me ha parecido menos cruda y menos desagradable que lo que viene siendo habitual en él. Eso o yo ya me he acostumbrado a su hiperrealismo. La verdad es que siempre me ha gustado esa forma tan directa y tan clara de contar las cosas, sin escatimar sangre, vísceras, dolor, sexo o emociones.

Con descripciones simples y cuidadas, que no se hacen pesadas en ningún momento, el narrador omnisciente nos va mostrando unos paisajes que, junto con los personajes, se mueve de una cordillera a otra, atravesando las llanuras y cruzando los ríos, para llegar a las tierras lejanas, esas en las que el hombre blanco acaba de asentarse y se ha descubierto oro.

Esta es una novela muy especial. Creo que a todo lector amante de las aventuras, que ha disfrutado en algún momento de las películas del oeste, o de las novelas de Zane Grey, de James Oliver Curwood, de Karl May, o incluso de Marcial Lafuente Estefanía, puede disfrutar. Creo que si Sergio Leone pudiera leerla, no dudaría en hacerla suya. Con ella, estoy segura, Abercrombie ha querido rendir un sentido homenaje a un género que hoy por hoy no goza de excesivo prestigio, pero que sin duda, ha disfrutado como espectador atento.

Literariamente, no es una obra maestra de la literatura. Ya hemos dicho que su estilo es muy simple y directo, y su prosa muy escueta como para que podamos considerarlo así, pero sin duda, es una gran novela, narrada con mucha agilidad y que engancha con habilidad al lector. Tampoco se puede considerar una novela comercial. La carga de crudeza, la cantidad de capas y matices de los personajes y los guiños continuos al género la hacen adecuada a lectores que gustan de la crudeza del cine de Tarantino o de Sergio Leone. No hay nada edulcorado ni almibarado, y cuando piensas que estás en una escena de esas características, el autor consigue darnos con ella en las narices y dejarnos un tanto tambaleando.

Como fallos a señalar, pues no es una obra perfecta, cabe nombrar una traducción, en algunos momentos, poco afortunada a la hora de redactar las frases, así como dos páginas en las que sin venir a cuento, y sin que se repita en otro momento de la novela, cambia del tiempo pasado al presente y retoma el pasado a mitad de párrafo en ambas ocasiones, cosa que descoloca un tanto al lector. Una corrección más esmerada no habría venido nada mal.

Pese a ello es una buena novela, muy recomendable, altamente adictiva. Yo he disfrutado mucho con ella, pero creo que el lector debe saber qué es lo que se va a encontrar, ya que, al estar el autor encasillado en el género fantástico, puede decepcionar a quien busca magia, dragones, vampiros o razas extrañas.

Eso sí, cabe señalar el acierto de los portadistas. El diseño de la cubierta es realmente atractivo y acorde al contenido.

Solo espero que si algún lector de esta reseña se hace el ánimo de leerla, la disfrute tanto como lo he hecho yo.



viernes, 7 de febrero de 2014

REYES DE AIRE Y AGUA, de Jesús Fernández Lozano

Ficha técnica:

Título: Reyes de Aire y Agua
Autor: Jesús Fernández Lozano
Editorial: Cápside
ISBN: 9788494060632
Páginas: 248
Ilustración de portada: Olga Esther.

Sinopsis:
Todas las historias tienen algo de verdad y de mentira, pues son tan ciertas o tan falsas como el hombre que las cuenta. Prestadme oídos en esta ocasión, pues mi abuelo me contó esta historia, y de todas las cosas buenas o malas que hizo, en esta vida, jamás mentira alguna salió de sus labios en las muchas ocasiones en las que habló conmigo. Así como él me la contó, yo os la cuento, honradas gentes, para que andéis precavidas en el comercio con las hadas y aprendáis que sólo dificultades pueden esperar los que se cruzan con tan extraño pueblo.

Opinión personal:
Lo primero que me llamó la atención de este libro fue su portada. Magnífica para mi gusto, evocadora y a la vez intensa. En primer plano, una niña, en escorzo,  nos invitara a seguirla, a adentrarnos en el libro. Al fondo de la imagen, un bosque gris y brumoso que se adivina en la lejanía. A su lado, un rey sapo, enorme y coronado, la observa con sus ojos saltones, hierático. Destacan dos colores con fuerza: el rojo de los labios infantiles, a juego con el jubón sin mangas que lleva la niña sobre un tutú blanco, y el negro de unas alas de cuervo que brotan en su espalda. Negra es también máscara en forma de pico de esa ave que le cubre parcialmente la cara. En la contraportada, un gato negro, acompañado de luciérnagas, también parece conducirnos tras un árbol, al fondo del bosque. 
Ambos, la niña de la portada y el gato, nos invitan a acompañarlos, a adentrarnos en la espesura del mundo feérico.
Y eso hacemos.
De la mano de un precioso poema, nos introducimos en un libro de cuentos de hadas, al más puro estilo de las narraciones antiguas, esas que nos contaban las abuelas a la luz de la chimenea, como se han de contar los historias de hadas. Historias que no deberían pasar de moda, que siempre tendrían que acompañar a los niños, cuando se duermen con el corazón trémulo de deseo de aventuras y de temor a las mismas al mismo tiempo. Adentrarse en el mundo de las hadas, como bien se dice en el libro, es a la vez maravilloso y peligroso, pues seres extraños lo pueblan y nunca sabes de qué humor vas a hallarlos.
Cinco preciosos cuentos entrelazados nos conducen por un mundo fantástico al más puro estilo clásico, con animales que hablan, magos malvados y bondadosos, hadas que conceden deseos, enanos avarientos, castillos mágicos, princesas encantadas y trovadores enamorados. Y enmarcándolos, al principio y al final, dos bellísimos poemas, dos hermosas canciones que se clavan en el alma como el junco en el estanque, y ahí permanecen, para siempre, en el corazón de quien los lee.
Los distintos argumentos tienen un sabor añejo, familiar, como si fuera un cuento mil veces contado que, a la vez, es nuevo, nunca oído. Ese es uno de los factores en los que radica la maravilla de este pequeño volumen. Sus historias, tiernas, emotivas, capaces de sacarnos una sonrisa y una lágrima, nos dejan el regusto amargo que narraciones eternas. Ahondando en las más profundas raíces europeas, nos cautivan con rapidez, y sus escasas 240 páginas se nos hacen aún más escasas, saben a poco, a muy poco, y nos dejan con ganas de más, tanto por las historias como por los temas que tratan.
No son cuentos con moraleja al estilo de las fábulas, ni aleccionadores como los más clásicos, pero sí que consiguen hacernos pensar. Sobre el destino, sobre nuestra función en el tejido de la vida, sobre cómo nuestros actos repercuten en los demás y cómo los de los demás lo hacen en nosotros. Sobre la honestidad y el amor. Y en todos ellos encontramos trampas, guiños y, al final, como tema principal, la amistad entre todo tipo de seres.
Los distintos personajes que pueblan este libro, están vivos, muy vivos, y son tan reales, a pesar de ser gatos fantasmas, grillos que hablan cantando, fuegos fatuos, hadas verdes o hermosas carpas doradas, que en ningún momento dudamos ni de su existencia ni de su personalidad. Jesús sabe muy bien dar volumen con cuatro pinceladas a los habitantes de su mundo con tal fuerza, que se comparten con ellos penas y alegrías, emociones y esperanzas.
Lo consigue gracias a un estilo barroco pero, a pesar de ello, elegante, sin caer en la sobreadjetivación abusiva que encontramos cuando el vocabulario es escaso y abundan los lugares comunes. El autor huye de ello y, sin embargo, su prosa rica y trabajada nos deja ese sabor de las narraciones antiguas, de los cuentos con olor a chimenea y al moho de los libros viejos. Ese lenguaje tan bien dominado nos arrastra con rapidez por ese agujero profundo hasta el país de las maravillas, donde todo es creíble y armónico, pues los cuentos, a pesar de ser de diferente longitud, mantienen una estructura coherente y un ritmo pausado, sin ser lento, que nos va a permitir paladear la prosa exquisita y el estilo impecable.

Jesús consigue lo que se propone, contarnos cuentos de hadas, y no solo lo consigue sino que lo hace muy bien. Es un libro mágico para que nuestros hijos se queden prendados de ese mundo fantástico de las hadas, pues es digno, por su musicalidad, de ser leído en voz alta. También para que nosotros, más adultos, nos sumerjamos con deleite entre la bruma del mundo arcano. 

Respecto a la parte técnica, cabe destacar, aunque no debería ser lo excepcional, sino lo habitual,  la ausencia casi total de fallos y erratas que hablan de una cuidadosa edición. Solo dos letras bailadas que son de muy difícil detección y que considero erratas sin importancia. 


martes, 10 de diciembre de 2013

ROBIN HOOD, EL PROSCRITO


1.                    Datos técnicos
         Título: Robin Hood, el Proscrito
         Autor: Angus Donald
         Nº de páginas: 448 págs.
         Encuadernación: Tapa dura
         Editoral: EDHASA
         Lengua: CASTELLANO
         ISBN: 9788435062008


2.                    Sinopsis
Alan Dale, el joven protagonista de esta novela, se ve abocado a un futuro incierto cuando es descubierto robando y, atemorizado, sus pasos le llevan al bosque de Sherwood, donde entra en contacto con una banda de forajidos cuyo cabecilla, Robin Hood, impone su propia ley: roba a los ricos y a la Iglesia y protege a los pobres; sin embargo, su protección tiene un precio. Un precio que no se paga con dinero, sino con sangre. Los delatores son mutilados, los traidores, asesinados. Nadie escapa a la justicia del temido Robin Hood. Con un más que notable pulso narrativo, Angus Donald irrumpe en el género de la novela histórica con una versión realmente nueva de la figura legendaria de Robin Hood. Duro e implacable, salvaje y vengativo, es muy probable que el suyo sea un personaje mucho más cercano al hombre verdadero que el edulcorado mito tradicional.


3.                    Mi opinión.
Novela histórica ambientada en la Inglaterra del siglo XII, comienza bajo el reinado de Enrique II y nos narra las aventuras de Robin Hood a través de los ojos de Alan Dale, su compañero juglar. Angus Donald intenta transmitirnos una visión del famoso proscrito inglés, más cercana a lo que pudo ser que a las visiones románticas edulcoradas por el cine, que han grabado en nuestras mentes la idea del proscrito caballero que socorre a los pobres y roba a los ricos. Y lo consigue. Su novela es cruda, sórdida a veces, muy realista y muy bien ambientada en una época en la que la vida era dura y la muerte fácil. Es una novela alejada de romanticismos, escueta y directa, que he leído con agrado y he disfrutado bastante.

Muy correcta en el desarrollo de la trama, sin gazapos argumentales, bien documentada y bien ambientada, muestra una estructura tan sólida como coherente. El autor nos sitúa la novela en su marco histórico adecuado, con las intrigas cortesanas imperantes en la obra. Mostrándonos personajes como Leonor de Aquitania y su corte, nos traslada con habilidad a la época. Solo un pequeño error, atribuible más al traductor que al autor, según tengo entendido, me ha llamado la atención: la comparación que se hace del pelo de Marian con el maíz, y el uso de este vegetal en otro momento de la novela.

Es sin duda una buena novela de aventuras históricas, con personajes definidos, descritos adecuadamente, con pocas y precisas pinceladas que no abundan en el detalle.  A pesar de ello, la novela posee un defecto, muy habitual en el género histórico: el autor suele usar a los personajes como medio de contar un fragmento de la Historia; no nos cuenta la historia de Alan, joven campesino hijo de un músico francés, sino que se vale de ella para contarnos la historia de Robin, proscrito inglés. Esto suele ser causa de que me cueste empatizar con ellos, ya que así la personalidad de los personajes queda un poco diluida. Esto no es algo que merme ni su interés ni su calidad, solo es un punto al que yo le concedo mucha importancia y que pocas novelas hoy día alcanzan a satisfacer.

Los personajes son creíbles, eso sí, sus hechos y sus palabras son consecuentes con lo que el narrador nos cuenta sobre ellos, con su sexo, su edad, con la época en que viven y con la clase social a la que pertenecen. Son personajes de su época en los que no chirrían ni expresiones ni comportamientos actuales. En el caso de Marian, personaje femenino atípico en la leyenda que se nos ha transmitido, sabe jugar con esa faceta de mujer de la corte enamorada del proscrito con habilidad, sin caer en pensamientos modernos que nos saquen de la historia ni en romanticismos trasnochados.

Quizá el menos definido, y el más importante, sea el mismo Robin que da nombre a la saga, pero esto es debido a que, aunque se trata de la figura central en torno a la que gira toda la historia, no siempre está presente; ni siquiera tiene punto de vista, al estar narrada en primera persona por el joven juglar.  
Respecto a la estructura, esta novela está muy bien cimentada. Se nota que hay una importante planificación detrás que hace que tenga bases bien asentados en torno a las que se va consolidando de una forma muy profesional. Los capítulos se desarrollan de forma muy acorde con la narración, creando una linealidad temporal que da continuidad a la historia.

Respecto a la coherencia, he de señalar que, salvo la anecdótica mención del maíz, en el resto de la novela  no cabe mencionar nada reseñable. Los personajes son coherentes consigo mismo, sus hechos con sus palabras y con la época y las circunstancias en las que se mueven, dando a toda la novela una alta credibilidad que nos sumerge con facilidad en el ambiente.

El argumento, lleno de vivencias y aventuras, mantiene la tensión de la obra de una forma continua y hace que la acción fluya hacia adelante y nos arrastre en la lectura.

La narración en primera persona por el joven Alan hace que el resto de los personajes se diluyan un tanto, con lo que se pierde un punto importante de empatía. Si el autor quería de esta manera acercarnos a la novela y atraernos, no lo ha conseguido, pues el joven Alan queda un poco plano, y ahí se pierde la capacidad de enganchar al lector que tan importante es en la literatura. Puede que este sea el mayor defecto de una novela que en su factura técnica se puede decir que queda redonda, ya que,  más que acercarnos a la novela, nos aleja como lectores.

Como resumen valga resaltar en positivo la ambientación, la solidez y la nueva visión de la leyenda bajo un prisma realista y duro. También deberíamos valorar en alza la prosa directa y elegante, y el estilo directo y culto que utiliza, al carecer de sobreadjetivaciones, y sin caer en un registro vulgar. Novela histórica sólida, de agradable lectura y suficiente calidad como para recomendarla a quien no esté muy harto de nuevas revisiones de un mito demasiado sobado.

  1.  

sábado, 23 de noviembre de 2013

LA HUELLA BLANCA, de Ana B. Nieto






Con este libro me he saltado a la torera una de mis normas: no aceptar novelas cedidas por editoriales ni por autores para reseñar. No lo hago porque lo primero que me exijo en este campo es honestidad, primero por que creo que el autor se lo merece, y segundo,  yo también. Soy sincera en mis opiniones, pero las opiniones poco favorables sobre lo que uno ha hecho y otros, a veces, han alabado, no siempre son bien recibidas y la gente se suele molestar. No tengo tiempo ni ganas de conflictos, por lo que solo reseño lo que me apetece y cuando me apetece.


Pero hace unas semanas, no muchas, recibí un correo. Era una joven autora que me felicitaba por la vuelta de la actividad al blog y me decía que hacía tiempo que me seguía. Comentaba que le interesaba mi trabajo porque veía que teníamos gustos comunes, lecturas afines,  y quería que le diera mi opinión sobre su novela, tanto como experta en literatura como conocedora de la mitología celta. El tono tan educado, elegante y cortés, además de la obra en sí (el periodo histórico y la cultura que trata me fascinan), me sedujeron. Decidí hacer una excepción, y le avisé de que, cómo no, mi reseña iba a ser totalmente sincera. Si su novela tenía deficiencias iba a señalarlas, al igual que las cosas positivas que encontrara.

Cuando poco después recibí el paquete, quedé totalmente enamorada de la delicadeza de los detalles que acompañaban al libro: el envoltorio con adornos de hiedra, un cordel de cuyo nudo pendía una triqueta, un colgante en forma de trísquel, una pequeña libreta de notas con la tapa grabada con el nombre de la novela, una carta, y el libro, en tapa dura con sobrecubierta publicado por Ediciones B.


Pero todos estos detalles no han influido en mí para nada a la hora de dar mi opinión sobre la primera obra de esta joven autora. Aquí está y espero que os ayude a decidiros si tenéis dudas sobre si leer o no el libro.

RESEÑA

 DATOS TÉCNICOS
•     Título: La huella blanca
•     Editorial: Ediciones B.
•     Nº de Páginas: 512
•     Autor: Ana B. Nieto
•     Idioma original: castellano
•     Año de publicación: 2013
•     ISBN: 978-84-666-5303-9


     SINOPSIS
«Cuando Bróenán decide llevarse a Ciarán, el último niño de una tribu enemiga, quebranta con ello todas las normas humanas y divinas de su pueblo.
Este «niño robado» alcanzará la adolescencia ignorando sus orígenes y esperando el momento de casarse con Olwen, su amor desde la infancia. Cuando el secreto por fin se revela, marchará al exilio como pirata y capturará al muchacho que un día será san Patricio.
En su empeño por estar juntos, sin embargo, Ciarán y Olwen desafiarán a sus tribus, sus dioses y sus destinos, en una aventura que los llevará hasta las islas de Arán, en los confines del mundo.
Una novela sobre el canto del cisne de un mundo antiguo, dominado por las diosas madres, y su difícil encuentro con el cristianismo y el Medievo.»



     MI OPINIÓN: 
Esta novela me ha causado muy grata impresión, debido sobre todo a la alta calidad literaria de su autora. Su prosa cuidada y culta y su estilo, en ocasiones poético, hacen que su lectura sea un ejercicio literario de lo más agradable.

 Se trata de una novela histórica ambientada en la Irlanda del siglo V. Aunque trata sobre la relación entre dos jóvenes, no podemos decir que se trate de una novela romántica tal y como se entiende hoy día, sino más bien de la historia, sobre todo, de un hombre que vivió en esa época, su vida, sus anhelos y la búsqueda de su identidad. Esto la convierte en una obra más al uso de los grandes clásicos de aventuras que de las obras históricas propiamente dichas, más centradas en narrar un hecho histórico señalado.

La temática principal de la obra es el amor, y cómo el fracaso de este puede llevar a decisiones erróneas que cambien la vida y dominen el destino de una persona. Otro gran tema es la cristianización de la isla, que está todo el tiempo presente, sobre todo desde su punto central de inflexión. Pero es un tema que si bien está latente, no acaba de verse y comprenderse en profundidad, y es tratado de una forma muy superficial. El uso del narrador omnisciente, oportuno y desarrollado de una forma fluida, da mayor flexibilidad y permite una mayor facilidad a la hora de narrar las vivencias de los hombres y mujeres que pueblan sus páginas.

Su principal protagonista es Ciarán, un joven adoptado por el jefe/rey de la zona, rebelde y enamorado desde la infancia de Olwen, una de las jóvenes de la aldea. Este joven está muy bien dibujado, muy bien definido como persona, pero su comportamiento adolescente no está bien explicado, no se le ven motivos suficientes para actuar como lo hace.

El otro principal protagonista es Olwen, la niña de la que se enamora y con la que se crea el conflicto sentimental. Este personaje queda desdibujado, un tanto plano, sin que se le llegue a conocer en profundidad ni sus sentimientos ni sus motivaciones. Lo intuimos por lo que nos dice el narrador, pero no por lo que nos cuenta ella, quedando así aislada del lector, como ajena a la historia.

El resto son secundarios y, como tales, no están bien dibujados. Quedan un poco al margen, no hay ninguno que te haga empatizar con él. Quizá sea esta la mayor pega que puedo ponerle a la novela, ya que a pesar de ello, la autora consigue alejarse bien del maniqueísmo, y sus personajes, a pesar del poco volumen que alcanzan, tienen matices variados y todos resultan muy creíbles, coherentes y no hay situaciones que nos rechinen.

Los diálogos son adecuados al tipo de narración y ni resultan excesivos ni escasos. Quizá la carencia de agudeza o de mayor presencia de Olwen en ellos sea lo que le da esa mayor sensación de lejanía con el lector.

Respecto a la técnica literaria, la autora la domina muy bien. Nos encontramos aquí con una prosa rica y cultivada, en algunos fragmentos incluso poética. Y a pesar de ello podemos destacar la fluidez y la belleza del estilo que hace que esta novela se lea con facilidad y con mucho agrado. Podemos decir que este es uno de los puntos más fuertes de esta autora novel, muy llamativo y para el lector que aprecia la buena literatura, altamente atractivo.

Así mismo, la coherencia interna de la obra, la estructura y el ritmo llevan al lector casi en volandas por las páginas. Resulta una obra muy bien estructurada, bien urdida, sin incoherencias. La tensión se mantiene a lo largo de toda la novela hasta acabar en un clímax final que culmina en un pequeño epílogo.

Narrada en un registro educado sin ser en exceso culto, la autora domina con gran soltura un vocabulario muy amplio, mostrando una riqueza importante, sobre todo en vocablos propios de ese tiempo y  lugar, si bien abusa un poco de las notas al pie de página. Es de mencionar la fantástica ambientación que hace de la época, y aunque al principio hay un cierto toque docente, desaparece con rapidez, atrapa al lector y lo sumerge con habilidad en la sociedad rural de la Irlanda del siglo V. La autora no se vale de largas y densas descripciones ni de lugares ni de personas, lo que agiliza mucho la tarea del narrador omnisciente que domina toda la obra. A pesar de no ser descriptiva, consigue ofrecer una imagen nítida de paisajes y personajes a base de pinceladas.

En resumen, una preciosa y delicada novela histórica, de corte clásico, que evoca el género de aventuras del SXIX. Si bien tiene alguna carencia, sobre todo en cuanto al tratamiento de algunos personajes, podemos hablar de una buena novela que nos traslada con habilidad a una época y lugar muy diferentes a los que estamos acostumbrados. Más orientada a un público femenino que masculino, más adulto que juvenil, creo que hará las delicias de cualquier lector al que le guste la buena prosa y la recreación de ambientes pretéritos, aunque se sitúe alejada de grandes hechos históricos, batallas, y regios personajes.





viernes, 15 de noviembre de 2013

GRACIAS POR VENIR

Hace ya dos años y medio que empecé el blog. Lo hice con mucha ilusión, con muchas ganas de contar cosas a los demás sobre los dos temas que más me apasionan: las historias nuevas bien contadas y los mitos, esas historias viejas, contadas desde hace muchos años, una y mil veces y de mil maneras diferentes.

Desde entonces mi vida ha sufrido unos cambios muy profundos. Me quedé en el paro, he vuelto a trabajar (en cuatro puestos diferentes y a cada cual más estresante); los trabajos de corrección y lectura profesional son cada vez más, y más interesantes; he presentado libros, he asistido a jornadas y las he organizado; soy miembro de un grupo literario; he dado charlas, participado en mesas redondas; hasta he hecho mis pinitos en un medio en el que jamás pensé que estaría, como es la radio… Y, mientras tanto, he subido de vez en cuando algunas cosillas al blog: artículos sobre mitología, reseñas de libros que leo, algún que otro homenaje y algunas (pocas) historias personales. Han sido 42 las entradas que he escrito, casi a una por mes. Muy poco para la mayoría de los blogs, cierto. Pero hay que tener en cuenta que no me gusta mucho escribir. Lo mío es leer.

Y a pesar de que me cuesta escribir muchísimo más de lo que me cuesta leer cualquier mamotreto, hoy he decidido hacerlo porque es un día especial. Hoy el blog se hace mayor de edad, y regresa, tras un periodo de ausencia, con más fuerza que nunca, con la fuerza que me dan esas 100.000 visitas.

No lo entiendo, la verdad. No entiendo cómo con solo 42 entradas, un tanto extrañas ellas, escritas, no al amparo de la última publicación editorial de éxito, ni tras el último tema del momento, sino simplemente contando lo que me apetece, cuando me apetece, interesa a tanta gente.

A todos ellos, a esas 100.000 personas que se han asomado a esta ventanita, solo puedo decirles una cosa:


video



Y prometerles que seguiré en la misma línea. Eso sí, aumentando y mejorando poco a poco, porque toda esa gente que se asoma, que comenta las entradas y que cree que el mío es un blog digno de seguirse, lo merece. 


http://youtu.be/6YbEh_hT1Aw

domingo, 10 de noviembre de 2013

HADAS QUE MUERDEN, de Ana Martinez Castillo


Hace algún tiempo, unos dos años, una chica a la que no casi conocía me pidió en un foro si podía leer una historia que había escrito y darle mi opinión. Se trataba de un cuento, para público infantil, pero tenía miedo de que fuera muy oscuro, muy tétrico para niños.
Yo tengo dos hijos, pero reconozco que no están en lo alto de la campana de Gauss en lo que a normalidad se refiere, ya que el teleñeco favorito de uno de ellos era el Conde Vampiro y el del otro, Animal. Fanáticos de El Pequeño Vampiro, todo lo que fuera tétrico y oscuro les fascinaba desde pequeños. Yo creo que los niños sienten atracción por el mundo mágico y los seres oscuros les encantan. Somos nosotros los que les metemos miedos, pero eso forma parte de teorías psicológicas en las que no me voy a meter. Ellos ven como natural cosas que  a los adultos, ya condicionados, nos repelen. Como muestra, venga la anécdota que una amiga me contaba sobre cómo le había dictado su sobrino de tres años la carta a los Reyes Magos:
«—Quiero un tiburón grande con dientez muy grandez. Y un dinozaurio con dientez muy grandes. Y un león con dientez muy grandez. Y un bebé.
»—¿Para que quieres el bebé, Daniel?
»—Para que ze lo coman, tía, para que ze lo coman.»
Viendo ejemplos de cómo reaccionan ante lo oscuro y cómo esto les atrae, no creo que haya cuento tétrico que, bien contado, no les entusiasme. Le conté lo que pensaba, pero la escritora seguía teniendo serias dudas sobre si su historia funcionaría.
Se daba la circunstancia de que mi hermana es profesora de primaria, y me ofrecí a que lo leyera y se lo enseñara a sus compañeros de trabajo, para recabar su opinión. Ana me lo envió, yo lo leí, lo disfruté y se lo pasé a los maestros. Cuando volví a hablar con la autora, le dije que había habido unanimidad. El cuento era muy bueno. Muy tétrico, sí, pero enganchaba y emocionaba desde el primer momento, sin quedar ni edulcorado ni en exceso sangriento.
Ahora me entero de que por fin va a ver la luz y va a ser publicado. Me alegro mucho por la autora, y también por todos esos niños que podrán leerlo y añadirlo a su imaginario, a su vida. Sé que esas Hadas que muerden les acompañarán siempre. Espero que esto solo sea el principio para esta estupenda escritora y que nos regale muchas más joyas como esta.
Tras esta introducción, y aunque no sea algo que se suele hacer, voy a publicar su reseña. Quiero que la tenga ya antes de salir al mercado.

Hadas que muerden

Autora: Ana Martínez Castillo 
Ilustraciones: Tania Coello
ISBN: 9788494133251
112 páginas
Rústica con solapas
Colección Liliput nº1
Novela infantil fantástica
Precio: 8,95€

Sinopsis:
Imagina pedir un deseo y que este se cumpla. Imagina además que tu deseo invoca a un hada, y que ese hada no es ni remotamente como imaginabas. Porque existen hadas negras, de naturaleza oscura, que habitan los bosques, que se alimentan de arañas, y que siempre, siempre, tienen hambre. Piénsalo muy bien antes de invocar a un hada. Porque puede que acuda a tu llamada y no tenga intención de marcharse jamás.

Mi opinión:

Es un cuento sencillo, bien hilado, bien estructurado, muy bien desarrollado, que mantiene el interés de la historia. Esta no peca en absoluto ni de moralinas ni de ese tono de superioridad que muchas veces se ve en los textos escritos por adultos para niños, a los que los consideran tontos.
Lectura agradable para todos los públicos, sus personajes son vivos y reales, extraordinariamente creíbles, uno de los puntos fuertes del cuento. Está contado con una técnica muy buena, con un gran dominio del lenguaje, del vocabulario, de la gramática y la ortografía. Poca corrección fue necesaria en la primera lectura, por no decir ninguna. Respecto a su estilo, sencillo y directo, no cae en la parquedad ni en la pobreza, a pesar de ser muy adecuado a la edad a la que va dirigido. Consigue no caer en una técnica excesivamente simplona y rasa, está muy bien equilibrado.
Tienen una estructura muy bien organizada. Se ve que está bien planificado y bien elaborado en una línea temporal. El relato se desarrolla de una forma óptima,  con una estructura clásica —presentación, nudo, desenlace—, armoniosa y bien desarrollada. Su ritmo ágil y ligero engancha y hace que se lea en un momento. Y por supuesto nos deja con ganas de más, pues su verosimilitud es mucha, no hay detalles que chirríen, consigue meterte de lleno en la historia y suspender nuestra incredulidad completamente.
Es, en suma, un precioso cuento que hará las delicias, sobre todo, de las pequeñas lectoras. Más orientado a las niñas que a los niños, puesto que su protagonista es una niña, y les resulta más fácil identificarse con ella, es un libro perfecto para regalar. Y si la niña no es lectora, gracias a cuentos como este puede acabar siéndolo. Es de esos libros que despiertan la afición por la lectura.

Seguiremos pendientes de esta nueva escritora, Ana Martínez Castillo.   
En su blog La hermana cruel podéis encontrar el primer capítulo para leerlo y ver el desarrollo, paso a paso de la portada. Espero que lo disfrutéis. 

miércoles, 30 de octubre de 2013

LA NOCHE DE LAS ÁNIMAS

Es curioso, pero en el pueblo donde nació mi madre, una aldea que jamás ha pasado de unos pocos cientos de habitantes, perdida en la sierra de Javalambre, había antiguas tradiciones y leyendas que me contaba mi abuela cuando yo era niña. La buena mujer nació en las postrimerías del siglo XIX, y poco sabía ella de costumbres allende los mares, pues en esa época ni siquiera la luz eléctrica había llegado a su hogar.

Yo pasaba con ella los veranos, y a la luz de la chimenea me contaba historias y cuentos. Le encantaban todas aquellas que tuvieran presencia de brujas, trasgos, muertos y aparecidos. Su voz grave y cavernosa, su cuerpo pequeño, siempre cubierto de negro, y los gatos que se arracimaban junto a sus pies hicieron que lo que a otros niños les daba miedo a mí me diese sensación de hogar y seguridad.

Ella me contaba siempre que la noche de las ánimas, la que iba antes del Día de Todos los Santos, los espíritus de los muertos salían del purgatorio y visitaban a sus familiares. Esa noche no se debía salir de casa, pues se corría el riesgo de que los muertos se te quisieran llevar. Si tenías que hacerlo te debías vestir con mortajas, cubrir tus cabellos de ceniza y simular que eras uno de ellos. La tarde anterior se debían preparar dulces, que se dejaban junto a la puerta o en el alfeizar de la ventana, por si venían de visita los fieles difuntos y así poder agasajarles. Si alguien, en esa noche, acudía a casa de algún vecino, siempre era recibido con pastas caseras, por si era un espíritu que hubiese tomado la forma de un vivo. Habitaban con nosotros el día de Todos los Santos, y el tercer día, el de Difuntos, íbamos a despedirlos, hasta el año próximo, al cementerio. Allí había que dejarles una ofrenda de flores, pues es lo que más añoraban allí donde estaban: los colores alegres, en ese mundo triste y gris.

Por eso, cuando la gente abomina de la fiesta de Halloween, creo que lo que sucede, es que se han olvidado muchas de las tradiciones propias, pensando que son extranjeras y ajenas a nosotros aquellas que regresan remozadas por el largo viaje realizado. ¿Qué son las chuches de hoy día sino los huesos de santo de antes, cuando solo había mazapán para endulzarnos? Y lo de las calabazas… toda la vida se han comido en Valencia el «arrop y tallaetes», postre empalagoso hecho de calabaza cocida en mosto de uva dulce alcalinizado con cal. No en  vano el otoño es época de calabazas, y su origen es puramente mediterráneo.

Por otra parte, siempre se han encendido velas en honor a los difuntos, y se han dejado encendidas junto a las ventanas para para guiarlos hacia su hogar. Que en algún sitio se les ocurriera usar la piel de la calabaza para hacer farolillos que las protegieran de las corrientes de aire no es nada extraño.

Respecto a los disfraces… poca diferencia hay entre vestirse de fantasma o de zombi y cubrirse con mortajas para simular que eres un ánima del purgatorio.



Nuestra vida, nuestra cultura, evoluciona y aquí somos de un carácter tan especial que nos encanta adoptar todo aquello que nos suena a fiesta, sea del tipo que sea. Hoy en día todas las fiestas están perdiendo su sacralidad, sea esta cual sea, y van adquiriendo cada vez más un carácter lúdico, más acorde con los tiempos que vivimos. Hoy las supersticiones antiguas y la religión van dejando paso  a otras costumbres, ni mejores ni peores, solo cambiadas, pues como decía Heráclito, todo fluye, nada permanece.