martes, 15 de julio de 2014

LA CUARTA SEÑAL



Datos técnicos


Autor: José Carlos Somoza
Editor: Minotauro (Colección M)
Nº de Páginas: 480 páginas
Género: Fantasía.
Idioma original: Español

Publicación: 4 de febrero de 2014




Sinopsis

«Esta es, ante todo, una historia de amor donde los personajes son reales a ratos, dependiendo del estado de la conexión a Internet. También es, incidentalmente, la crónica de los Cuatro Días Más Importantes de Todos.»

En pleno siglo XXI, el mundo virtual Órgano prácticamente ha sustituido al mundo real: la gente trabaja, se divierte y se relaciona en Órgano. Pero la aparición de una joven en el altar de una iglesia bajo una lluvia de rosas marcará el inicio de los Cuatro Días Más Importantes de Todos y, si nadie lo evita, el fin de ambos universos.

Opinión personal

La cuarta señal me ha parecido una novela de entretenimiento, lo que yo llamo una novela de vacaciones, para disfrutar de ella mientras se toma el sol o se está con los niños en la piscina o la playa. Una novela sencilla que se lee con agilidad y con bastante placer.

Yo la etiquetaría, por eso de que nos gusta etiquetarlo todo, aunque ninguna falta que hace, pero para que el lector tenga una pequeña idea de lo que va, entre las novelas de aventura de anticipación. Es una novela de aventuras y transcurre en un futuro cercano y con unas tecnologías que podrían darse en un futuro pero que todavía no se dan.

Respecto al argumento, es un argumento simple, el encuentro de gente diferente en un lugar y momento que les marca y hace que les determine su destino y les conduzca a actuar de unas determinadas maneras y a verse en unas situaciones en las que jamás se habrían visto envueltos si ese momento en concreto se hubiesen quedado en su casa viendo la tele. Argumento bastante habitual en ciertos géneros, Somoza sabe introducir los suficientes elementos propios y diferentes para que, aunque nos parezca el mismo camino, veamos un paisaje totalmente diferente.  

Uno de esos caminos conocidos y a la vez diferentes es el tratamiento que da a los personajes principales. Tópicos y típicos, sí, pero con ese punto propio que sabe darles que los convierte en gente normal y corriente, cercana cuando estás leyendo la novela. Ninguno te va a enamorar, ni a sorprender, pero te van a sumergir en la historia consiguiendo suspender tu incredulidad y haciéndote pasar un buen rato, gracias a su técnica literaria.

Somoza utiliza un narrador omnisciente que, con un lenguaje sencillo, pero de rico vocabulario, con un registro educado y adecuado a los personajes nos lleva de la mano con su acostumbrado estilo conciso y su prosa elegante y cuidada.

La novela se estructura en cuatro partes y un epílogo, una para cada uno de los días en los que transcurre el argumento. En ellos el autor sabe dosificar muy bien el ritmo y la tensión, aunque comete un error que, no sé por qué, últimamente estoy viendo demasiado a menudo en muchas novelas, y es que al final de un capítulo te escriba una frase lapidaria que te adelanta acontecimientos que pasarán después, como que de ese personaje va depender el resultado final, o que ese gesto que realiza ese otro personaje va a sellar el destino de todos… Me molesta mucho que no se deje al lector sorprenderse, como si fuera tonto para ver los detalles e ir adivinando las pistas y necesita una flechita fluorescente que las señale. Me parece que arruina la tensión de muchas de las escenas que logra con un buen pulso narrativo.

Respecto a descripciones y ambientación, no son necesarias y por lo tanto no abusa de ellas en absoluto, apenas alguna estancia en concreto se ve más detallada para situar al lector. El autor sabe ambientarte en seguida y la novel fluye con suavidad hasta el final.

Los diálogos son ágiles, bien enlazados y es capaz dar una voz propia al menos a los principales personajes, cosa que contribuye y mucho a que estos se hagan reales, alejados de los personajes planos que suelen verse tan a menudo en muchas otras novelas hoy día.

En suma, esta novela me parece una obra menor de este autor; de calidad, si, pues escribe muy bien, pero no del nivel de complejidad y de profundidad al que nos tiene acostumbrados. Me parece una novela muy adecuada para lectores jóvenes o que buscan pasar un buen rato entretenidos con una historia sencilla, interesante y ágil, sin buscar una novela de gran trascendencia.

Autor

José Carlos Somoza

La Habana, 1959
Nacido en La Habana, cuando aún no había cumplido el año de edad, sus padres se mudaron en 1960 a España por motivos políticos, donde reside desde entonces.
Estudió medicina y psiquiatría y no se dedicó a la literatura por completo hasta 1994.

Ha ganado diversos galardones por sus novelas: el Premio de Teatro Radiofónico Margarita Xirgu 1994 por Langostas, La Sonrisa Vertical 1996 por Silencio de Blanca, el Café Gijón 1998 por La ventana pintada, el Fernando Lara 2001 y el Hammett 2002 de novela negra por Clara y la penumbra, el Ciudad de Torrevieja 2007 por La llave del abismo. También fue finalista del Nadal 2000 con Dafne desvanecida.

Es socio de honor de Nocte, la Asociación Española de Escritores de Terror.

Somoza ha dicho que en novela negra «clásica» sus preferencias van desde el inmortal Sherlock hasta Dashiell Hammett, quien siempre le gustó más que Raymond Chandler. En la novela negra moderna se decanta por los escritores que mezclan géneros como John Connolly. Entre sus lecturas permanentes están la obra completa de William Shakespeare y El espía que surgió del frío de John Le Carré.

El director de cine Jaume Balagueró prepara una adaptación cinematográfica de La dama número trece, que cuenta la historia de un profesor de literatura en paro, apasionado por la poesía, y a quien constantemente atormentan unas extrañas pesadillas.

martes, 27 de mayo de 2014

EL CAMINO DE HIERRO, de Juan González Solano




Datos técnicos

           Título: El camino de hierro
           Autor: Juan González Solano
           Nº de Páginas: 384
           Género: Novela histórica
           Idioma original: Castellano
           Publicación: 09/04/2014


Sinopsis
 Igual que un paisaje de férreas vías alargándose kilómetros en el horizonte, se vislumbra el éxito de José de Salamanca, quien decide apostar por el ferrocarril, un proyecto que lo convertirá en uno de los empresarios más importantes de la historia de España.

José es un hombre arriesgado en los negocios y en los sentimientos, pero mucho más afortunado en lo primero que en lo segundo. Después de haber perdido a su gran amor, Mariana Pineda, Salamanca se mueve entre la familia y su intensa vida galante, al tiempo que pone en marcha su gran empresa: la construcción de las principales líneas de ferrocarril de España, en especial la de Madrid a Aranjuez, que harán posible la modernización industrial y que, poco después, él mismo tendrá que usar para huir tras la revolución de Vicálvaro contra Isabel II. Su astucia y su voluntad lo llevarán a triunfar en Europa y América, a ser nombrado marqués de Salamanca y conde de los Llanos y a disfrutar de una vida de esplendor. Sin embargo, años después, tanto la inestabilidad política como la crisis económica que asoló España harán que su suerte cambie drásticamente, a pesar de lo cual no renunciará a su último gran sueño, dando su vida y su fortuna por su causa: la construcción del barrio de Salamanca, en el corazón de Madrid.

El camino de hierro es la historia del marqués de Salamanca, pero también un relato sobre la profunda transformación de España y Europa a mediados del siglo XIX, así como una crónica sobre la construcción del Madrid moderno y un ejemplo de la feroz lucha de un hombre por sus ideales.

Opinión personal
Estamos ante una novela biográfica o, como se quiera llamar —que tanto monta, monta tanto—, una biografía novelada de la vida del inteligente y visionario Marqués de Salamanca. No soy muy amiga de crónicas noveladas ni de novelas que tienen más de crónica que de novela, pero he de decir que esta me ha gustado, y mucho.

Esta obra nos cuenta la azarosa vida de un hombre, hijo de un comerciante que a base de visión comercial, inteligencia y osadía, alcanza gran riqueza, el título de marqués y el de Grande de España. El argumento está bien hilado, bien desarrollado, sin gazapos, centrado exclusivamente en el marqués, en contarnos su vida, obra y milagros, pero también, a través de ellos, nos desgrana con habilidad la truculenta vida de la villa y corte de los años centrales de ese siglo tan complicado que fue el XIX, tanto a nivel político, social y económico. La trama se centra en el personaje, es cierto, pero a través de él tenemos una amplia visión de la mezquindad, la ineptitud, la envidia, el oportunismo y todas aquellas cualidades que podemos encontrar en las clases altas de la época. Quizá su visión sea muy ingenua con respecto al protagonista, pero esa ingenuidad es también la que le da cierta frescura y ligereza que se agradece mucho, cuando piensas que de aquellos polvos vienen muchos, quizá demasiados, de los lodos que padecemos hoy día.

Pero no es eso en lo que voy a incidir, las cuestiones históricas se las dejo a los historiadores, que verán mejor que yo si refleja con acierto o no los hechos históricos. Yo me suelo centrar en la valoración literaria de la obra, pues creo que, aparte de ser histórica, toda novela es una obra literaria y esto es lo que debe primar ante todo.  

Yo me defino, sobre todo, como lectora de personajes y cuando leo por placer, como es el caso, estos son los que suelen determinar mi opinión de la novela.

En este aspecto, el autor, como ya he comentado, se centra en la vida del marqués, al que trata con una cierta benevolencia, y neutralidad, lo que hace que quede un tanto desdibujado. Notamos que vemos lo que el autor quiere que veamos de su personaje. Pero a pesar de ello, tiene una habilidad especial para presentárnoslo como un hombre de su siglo y, actitudes que hoy en día no serían aceptables, sabe hacer que las veamos como algo natural e incluso bien visto, como lo era en la época que le tocó vivir al marqués. Es muy coherente y sabe hacer que las actitudes y las conversaciones sean creíbles, y a pesar de presentarnos los rasgos más superficiales, sabe hacérnoslo ver siempre como una persona de carne y hueso, alguien real que vivó esas situaciones.

El autor sabe tratar bien a los personajes, aunque ninguno nos enamore, ninguno nos seduzca o nos repela, todos parecen tener la misma pátina que la fotografía que con gran acierto aparece en la portada, pero a pesar de ello, a pesar de ese distanciamiento que le da el toque de crónica, Juan González sabe crearlos vivos y reales, únicos y con personalidad propia. Por suerte, y ese es uno de los grandes aciertos de la novela, ha sabido huir de los recortables, de las sombras chinescas utilizadas para contarnos un trozo de historia —por desgracia algo muy habitual en este género—, para hacer que sean personas de carne y hueso, aunque no las conozcamos en profundidad, las que aparecen en la novela. Sin embargo, el personaje de María Buschental, esposa de su amigo José de Buschental, es quizá el más vivo e impactante de la obra y sabe seducirnos igual que al marqués.   

Y ahí entra otro de los grandes factores que tiene la novela a su favor: cómo nos está contando esta historia. Vale que sea una crónica, una biografía novelada, que los personajes, salvo excepciones, son tratados de forma superficial aunque tengan volumen; pero el hecho de utilizar el narrador omnisciente, aunque focalizado en el marqués, le da un punto de vista mucho más ágil que si hubiera tratado de contarnos las memorias de su personaje. El autor utiliza una prosa elegante, culta y sobre todo muy amena, con un estilo ágil y directo que facilita la lectura y engancha con facilidad. Es una novela agradable de leer, muy bien escrita, y nos sumerge con rapidez en el ambiente, dejando que nos deslicemos por sus páginas con la cadencia de un vals, música que sin duda sonaba en cualquiera de los muchos bailes y fiestas de la alta sociedad madrileña que se nos describen, sin mucho detalle, cierto, pues no es novela dada a descripciones extensas, ni de gentes ni de lugares, solo lo imprescindible para situar al lector. A pesar de ello, el ambiente se respira, nos envuelve y acoge como el perfume de la primavera.

Sin embargo, la estructura no es uno de sus puntos fuertes pues a veces acelera demasiado y omite situaciones y partes de la vida del marqués, sobre las que pasa de corrido y un tanto de puntillas, para recrearse con excesivo detenimiento en otras, creando unas pérdidas de tensión que hacen que el ritmo se vuelva irregular y se entorpezca en algunos momentos. Una planificación más detallada o quizá no recortar escenas para disminuir la longitud de la obra habrían unificado más la narración.

A pesar de ello, estamos ante una estupenda novela, interesante y amena, con unos diálogos muy buenos, ricos y creíbles, con grandes dosis de ironía, en absoluto forzados, que he disfrutado mucho, y que, en parte, me ha reconciliado con este género. El autor ha sido capaz de demostrar que se puede escribir una biografía o una crónica novelada de una forma amena, interesante y con indudable calidad literaria.

Solo un fallo he detectado en toda la novela en cuanto a estilo y prosa del autor, y que se le ha escapado al corrector: el uso de la expresión «…iba dos veces "en" semana…» en lugar de las formas correctas «…iba dos veces por semana…» o «…iba dos veces a la semana…». Por lo demás, una obra verdaderamente impecable, con una edición de las que, por desgracia, no es fácil encontrar hoy día.

Seguiremos los pasos de este escritor y esperemos que siga dándonos nuevas obras con las que disfrutar.


El autor
Juan González Solano (Puente Genil, Córdoba, 1949), es economista por la Universidad de Málaga y reside en Madrid. Su vida profesional ha estado siempre vinculada al mundo de las finanzas y de la Bolsa. Ha trabajado en varias entidades financieras y empresas multinacionales, estuvo becado en la embajada española en Caracas y también ha sido empresario. El camino de hierro es su primera novela.

lunes, 12 de mayo de 2014

UN APUNTE SOBRE BELTANE Y LA NOCHE DE VALPURGIS.






Recientemente ha sido el 1 de mayo, fecha celebrada en muchas partes con fiestas dedicadas a la primavera, la fertilidad y al renacimiento. Yo quiero traer mis conocimientos sobre los dos antiguos ritos que se celebraban en esas fechas, Beltane y Valpurgis.

BELTANE: 
Fiesta celta de la primavera que festejaba la llegada del calor, el fin del invierno. Era un ritual de fertilidad en el que se fecundaba la tierra y a las mujeres para que dieran sus frutos. Se encendían hogueras en honor de Belenos y se hacía pasar entre ellas a los animales para que el dios los hiciera fértiles y los defendiera de la plaga. También, en Irlanda y Gales y algunas zonas de Inglaterra y Escocia, el rey o señor guerrero de la zona y la sacerdotisa de la diosa Danna yacían en el campo al aire libre, para que la tierra fuera fecunda y las cosechas prósperas. De hecho, era una noche en la que todo el mundo mantenía relaciones sexuales para propiciar la prosperidad. En muchas zonas, la sacerdotisa de la diosa Danna era sustituida por la representación de la tierra virgen lista para ser fecundada y era una doncella elegida entre las jóvenes y coronada de flores la que pasaba a ser la doncella de la primavera y la que yacía con el jefe de la zona. 

VALPURGIS: en las mismas fechas más o menos (pensad que en esas latitudes la primavera climatológica bien poco tiene que ver con la del calendario) los pueblos germanos y escandinavos, que tenían un fondo mitológico común, celebraban su propia fiesta de la fertilidad en honor de Freyja o Valfreyja, diosa de la fertilidad, la lujuria, la magia, señora de las valquirias, diosa de la guerra, la que se llevaba la mitad de los guerreros muertos en combate. Sus ritos también consistían en celebraciones sexuales y en hogueras, pues ella era llamada la brillante y cuenta la mitología que tres veces intentaron quemarla los ases y no lo consiguieron.

Con la llegada del cristianismo se demonizó la diosa y pasó a ser la reina de las brujas, la que reúne a sus acólitas en torno a ella. Las damas de Freyja pasan de valquirias a brujas y de montar en caballos a montar en escobas, de llevarse a los guerreros muertos al Valhalla a llevarse a los niños al infierno. Así mismo, los gatos de Freyja pasan de tirar de su carro a ser compañeros de brujas. Y la noche de Valpurgis pasa de ser fiesta de fertilidad, de fuego y de renacer a ser aquelarre de brujas por obra y gracia de la iglesia católica.

Debemos tener en cuenta que la religión germano-escandinava era una amenaza real para la católica, mientras que la celta hacía tiempo que había desaparecido bajo la bota romana salvo en ciertos reductos de lo que hoy es el Reino Unido, donde se mantenía más como cultura y mitos que como religión en sí.


Los ritos de primavera son muy parecidos en todas las religiones y mitologías antiguas, ya que hablamos de pueblos eminentemente agrícolas que lo que pretendían, con el renacer de la vida tras el invierno, era tener buenas cosechas, buenos ganados y muchos hijos que trabajaran los campos con sus padres para tener buenas cosechas y no pasar hambre. Por eso son tan similares las festividades de Beltane y Valpurgis, pero son dos festividades diferentes en honor de dioses diferentes, y propias de religiones diferentes, aunque se realicen con el mismo motivo. No es la misma celebración, aunque lo parezca.

martes, 29 de abril de 2014

HALLAZGO DE UN CADAVER (IMAGO),

Esta reseña la publiqué no hace mucho en la revista literaria Vísperas, donde ahora colaboro con algunas opiniones de los libros que leo. 


Ficha técnica: 
  • Autor: Eva-Marie Liffner 
  • Idioma Original: Sueco
  • Traductor: Carmen Montes Cano
  • Tamaño: 14 x 22 cm.
  • Encuadernación: Rústica
  • Páginas: 320
  • PVP: 19,50 euros
  • ISBN: 978-84-15717-58-4




Sinopsis: 
La protagonista de esta novela, la joven Esmé Olsen, trabaja como limpiadora en el Instituto de Estudios Históricos de Copenhague y tiene una gran vocación investigadora. Este espíritu le lleva a encontrar unos documentos de los años previos a la Segunda Guerra Mundial que dan cuenta del hallazgo de un cadáver en una turbera en la frontera entre Dinamarca y Alemania. El cuerpo es el de un soldado de la guerra prusiano-danesa, en la que casi cinco mil daneses murieron y tres mil quinientos fueron apresados por el ejército prusiano. En 1938 tres hombres trataron de averiguar su identidad.
Esmé (su padre era fan absoluto de Salinger) se aventurará en el pasado tratando de resolver un asesinato. Con ella recorreremos dos momentos históricos buscando respuestas.


Opinión personal:
Esta novela, publicada en 2003 en Suecia y que ahora nos trae la editorial Nórdica Libros, es una obra compleja y confusa que va saltando por los tres espacios temporales que se citan en la sinopsis de una forma un tanto aleatoria y que despista un tanto al lector. Obra interesante y curiosa, que no acaba de enganchar debido sobre todo a los personajes muy planos y muy poco dibujados. A pesar de ello podríamos considerarla una obra interesante, muy bien documentada en una parte de la historia muy ajena al público español y que debido a los nombres complejos puede hacer que nos salgamos con excesiva frecuencia de la historia.

En cuanto al género, resulta un poco complejo adjudicarle un término generalista. Podría ser considerada una novela histórica, ya que el hecho histórico, mejor dicho, los dos hechos históricos (la muerte del soldado en el siglo XIX y el hallazgo de su cadáver en el XX) son determinantes para su desarrollo y sin ellos la historia no tiene sentido. Pero por otro lado, estamos claramente ante una novela de intriga, en la que la resolución de un misterio genera una gran aventura para la protagonista. 

Las ideas que nos pretende transmitir la autora en las 312 páginas que tiene la novela no quedan nada claras. No podemos decir que trate de transmitirnos su opinión ni la de los personajes sobre la Historia, ni sobre ninguna cuestión moral o ética. No se aprecia fuente de reflexión en ninguno de los diferentes ámbitos en los que se mueven los personajes. A ese nivel la novela queda plana y en algunos momentos confusa.

Por otro lado, el enfoque original y el momento histórico casi desconocido hacen que el atractivo de la obra se refuerce bastante, ya que el argumento está muy poco visto y se sale bastante de los cánones habituales tanto en novela histórica como en novela de intriga. La complejidad de las tres historias hace que en algunos momentos sea fácil perder el hilo si no se está muy centrado durante su lectura, cosa que puede atraer a quien busca una novela diferente, fuera de parámetros generales.

Los personajes quizá sea una de las cosas que más flojean de la novela, ya que nos muestra recortables bastante planos, puros vehículos utilizados para contar la historia, pero sin alma ni trasfondo. Sí que ha sabido crearles una historia más o menos creíble a cada uno de ellos, sobre todo a la protagonista principal, Esmé, pero no ha sabido, a partir de ahí, darles un relieve que los haga creíbles, que veamos en ellos a personas reales a las que les está pasando una historia.

Sin verse graves incoherencias en ninguno de ellos, ni pensamientos modernos en los periodos históricos que trata, no acaban de cuajar quizá por el tratamiento superficial que se le da a cada uno de ellos y que parte de la complejidad de la estructura, al meter tres historias como si de una muñeca rusa se tratara. Esto es una de las cosas que más fallan de la novela junto con los personajes. Durante toda la lectura se tiene la sensación de que avanza a trompicones, con exceso de detalles y descripciones en algunos momentos y falta de ellos en otros. No hay una fluidez y siempre el paso de una época histórica a otra resulta confuso y poco armónico. El continuo ir y venir de una historia a otra, con retrocesos en las mismas para contarnos lo que ya nos ha contado, hace que el lector tenga continuamente la sensación de que no se avanza, sobre todo al principio de la novela. El hecho de que los capítulos sean totalmente irregulares en cuanto a la extensión y en cuanto a la narración contribuye a crear ese ritmo irregular y ese desarrollo a golpes que puede llegar a molestar al lector. Tan pronto nos acaba de meter en una escena como la corta en seco, nos cambia de época para trasladarnos cien años atrás y no nos da tiempo a ubicarnos en un lugar que nos es ajeno, con nombres complejos que cuesta retener y una historia que se va desgranando a golpes y unos personajes que apenas se nos quedan en la memoria.

Respecto a la coherencia, no hay incongruencias graves y la obra muestra una buena documentación, pero el hecho de que no haya un cambio de registro acusado de acuerdo a cada personaje, sino que todos tengan la misma voz, contribuye a hacer el recorrido por la novela un tanto monótono y confuso.

Quizá sea debido a esto que la obra carece de tensión a pesar de que tenía todos los ingredientes en la historia para que fuese una novela de intriga interesante, pero la autora no consigue que el ritmo de todo lo que podía de si y muchas veces vemos como se atasca en el aburrimiento. No ha sido capaz, a pesar de la historia interesante, de transmitirnos intriga, curiosidad o empatía por los personajes.

Si tenemos en cuenta que está narrada en primera persona, y oscila en exceso entre el pasado y el presente tenemos algo que va a añadir confusión a la narración, pues a veces no sabes en que tiempo te hallas. Respecto al registro, utiliza una prosa cuidada pero plana, con un estilo en el que se nota mucho su profesión de periodista por la concreción, aunque a veces parece que la propia autora se dé cuenta de ello e intenta desarrollar algunas frases con más cuidado y mimo, cosa que se agradece y muestra que, cuidando un poco más su estilo y recreándose en la prosa podría tenerla buena y cuidada. Pero el hecho de que estas frases sean ocasionales y no en los lugares más adecuados desconcierta un tanto al lector. 

Por lo tanto, podemos decir que nos hallamos ante un estilo parco, periodístico, casi telegráfico en ocasiones que no ayuda nada a meternos en la novela, salvo esas pequeñas pinceladas de prosa un poco más cuidada que ya he comentado. Esto se ve agravado por unos diálogos que tienen el problema de que la autora utiliza la misma voz para todos los personajes, por lo que no destaca ninguno, sino que convierte la narración en algo monocorde.

Otro problema que nos encontramos a veces es una traducción un poco deficiente en contados momentos, con giros que no se expresan bien en nuestro idioma, como por ejemplo: «Sobre el lavabo está colgado el único espejo que poseo, un poco alto de más para los ciento cincuenta y dos centímetros que mido…». Sé que el sueco es un idioma muy complejo y traducirlo debe ser un trabajo ímprobo, pero por eso un corrector debería revisar el estilo y evitar estas expresiones que, si bien pueden ser correctas, no son de uso habitual y sacan al lector de la lectura con mucha facilidad.

Podemos decir que la novela nos cuenta tres historias fascinantes, las tres encadenadas e introducidas unas dentro de otras como una muñeca rusa, una historia dentro de otra que posee otra en su interior. A ese nivel, estamos ante un argumento novedoso, curioso, que atrae al lector aficionado a la novela histórica y a la novela de intriga. Ese es quizá su punto más positivo ya que puede despertar la curiosidad del lector con facilidad. Pero siempre de un lector habituado a tramas complejas que saltan con rapidez y frecuencia de una escena a otra, que no se pierda con facilidad con nombres raros y que guste de detalles históricos muy concretos. Un lector poco habituado puede encontrarla compleja y muy farragosa, pues a pesar del estilo sencillo y la prosa parca, el ritmo resulta confuso.


Con esta novela, Eva-Marie Liffner obtuvo el premio Wettergrens Bokollon 2003. Además, fue nominada para el Augustpriset 2003, el Sveriges Radios Romanpris 2003 y el Svenska Deckarakademins pris 2003.

lunes, 31 de marzo de 2014

TIERRAS ROJAS, de Joe Abercrombie


Esta reseña la publiqué no hace mucho en la revista literaria Vísperas, donde ahora colaboro con algunas opiniones de los libros que leo. 

Ficha técnica: 
Autor: Joe Abercrombie
Editorial:
Colección: Runas
Páginas: 632
Publicación: Noviembre de 2013
Precio: 22,00 €
ISBN: 978-84-206-7805-4
Temática: FANTASÍA

Sinopsis:
Shy Sur creía haber enterrado su sangriento pasado, pero tendrá que recuperar algunos de sus viejos hábitos para rescatar a sus hermanos. Comienza la persecución con un par de bueyes y su cobarde padre adoptivo Lamb por toda compañía. Pero Lamb también tiene sus propias cuentas por ajustar… El viaje por las áridas llanuras, marcado por viejas hostilidades, duelos y matanzas, los conducirá a un enfrentamiento con los Fantasmas. Peor aún, les obligará a aliarse con Nicomo Cosca, infame soldado de fortuna, y su abogado Temple, dos hombres de los que nadie debería fiarse.

Opinión personal:
Estamos ante una nueva obra de Abercrombie. Para aquel que no sepa de quién hablamos, baste saber que este joven americano está considerado uno de los más importantes autores en literatura fantástica de la actualidad. Su primera obra, la trilogía La voz de las espadas, ha marcado un punto de inflexión en el género y muchos imitadores siguen ya sus pasos.

En esta novela, la sexta que publica ambientada en el mundo imaginario en el que ubica sus narraciones, Abercrombie nos cuenta una historia de vaqueros. Sí. Si su trilogía inicial tenía un aire medievalista, las dos siguientes renacentista, esta se basa totalmente en una ambientación de las películas y novelas del oeste. Y como es típico en sus libros, no se deja fuera ni un solo cliché del género. No hay un arquetipo que Abercrombie no utilice, no explote y no manipule a su conveniencia para presentarnos una historia al más puro estilo de Zane Grey, Antony Mann, Howard Hawks o Sergio Leone. Pero eso sí, con la crudeza y el realismo que le caracterizan.

Que nadie espere en Tierras Rojas otra fantasía que no sea la de un territorio inventado, con su estructura política propia, y unos «indios» un poco atípicos físicamente. El resto… si nos dice que se trata de un lugar de Utah, Arizona o de la misma cuenca del Tonto, nos lo creemos a pies juntillas. Otro factor de diferenciación con cualquier novela del oeste es la falta de armas de fuego. Solo armas blancas aparecen en ella, pues debía mantener la coherencia con la ambientación de su mundo. Y lo hace muy bien. No se echan de menos en ningún momento los rifles ni los revólveres.

Como he comentado anteriormente, la novela no se deja ni un solo cliché del género sin tocar, pero lo hace bajo la ácida y sarcástica mirada del autor. Desde el ataque a la granja y el rapto de los niños, hasta la ciudad minera y sus salones, pasando por la caravana, el explorador, el ataque de los salvajes o las bandas de forajidos. Todo es tratado con tacto exquisito, y el aficionado al género no puede sino ir sonriendo a cada paso al visualizar escenas de tantas y tantas películas. Es como paladear algo nuevo y a la vez conocido, sabiendo que vamos a disfrutarlo, pues nos habla de los temas eternos: la lealtad, el amor, el honor, la búsqueda de la subsistencia, cada uno con los medios que tiene a su alcance… y sobre todo, la redención, la capacidad de volver a empezar, de labrarnos una nueva vida en otro mundo, en otro ambiente, de esas segundas oportunidades, o terceras, o cuartas, que hay que aprovechar.

Como siempre, lo que más destaca de este autor, además de sus historias, bien urdidas, bien desarrolladas y muy bien narradas, son sus criaturas. Es capaz, con solo dos trazos, de metérnoslas bajo la piel, con habilidad y simpleza. Se podría decir que sus personajes son también arquetipos, pero la gran evolución que desarrolla en ellos, la cantidad de matices de gris que presentan, definidos con unos diálogos vibrantes e intensos, nos abren un abanico de personas tan reales que la historia se desenvuelve casi sola y aunque se mueva en lugares comunes, siempre nos parece nueva, porque la historia de estos seres nunca nos la habían contado. Esa es la gran baza de este escritor: sabe convertir a sus personajes en personas a las que les pasan cosas, y eso es lo que hace que el lector se sumerja por completo.

Los principales son también típicos y tópicos de las historias del oeste: Lamb, el forastero grande y silencioso, que nunca se sabe de donde llegó a la granja, pero que se ha convertido en alguien imprescindible y acompaña como padre y protector a la protagonista. Perfecto personaje para ser encarnado por un John Wayne es su época más madura, la de Valor de ley, o casi mejor, un Lee Marvin en La leyenda de la Ciudad sin Nombre.

Luego tenemos a Shy, la joven granjera, mestiza de fantasma, como llaman allí a los salvajes que pueblan el territorio, hija adoptiva de Lamb, o algo así. Maureen O'Hara, o Shirley McLane podrían haberla interpretado perfectamente. Como todos los personajes de Abercrombie, oculta mucho más de lo que aparece a simple vista, y la incógnita por saber que hay detrás de estos dos, en apariencia tan anodinos y a la vez tan intrigantes, hace que no soltemos la novela hasta el mágico final, cómo no, propio del género.

Acompañados de un magnífico coro de secundarios en el que no falta el joven abogado metido a forajido, el jefe de la caravana, el explorador acompañado de un nativo, el visionario que parte a tierras lejanas a llevar sus inventos, la madame del salón… pero al igual que todos ellos, retorcidos, extradimensionados y parodiados hasta convertirse en gente tan real como cualquier vecino de los que pueblan nuestra escalera.

Respecto al lenguaje y la técnica literaria, Abercrombie tiene una prosa directa, culta y con gran riqueza de vocabulario, pero con un estilo plano y sencillo que llega con facilidad y naturalidad a cualquier tipo de lector. Su novela, a medias entre género fantástico y el western, se lee con facilidad, casi se puede decir que se devora, ya que la agilidad con la que está escrita es tanta como el ritmo trepidante que le imprime a toda la novela. Enormemente coherente en todos los detalles, con una estructura sencilla, en tres tramas paralelas que se entrelazan para confluir al final, consigue mantener la tensión y el interés en todas sus escenas. Si bien Abercrombie es conocido por ser un autor duro, directo, casi brutal, esta novela me ha parecido menos cruda y menos desagradable que lo que viene siendo habitual en él. Eso o yo ya me he acostumbrado a su hiperrealismo. La verdad es que siempre me ha gustado esa forma tan directa y tan clara de contar las cosas, sin escatimar sangre, vísceras, dolor, sexo o emociones.

Con descripciones simples y cuidadas, que no se hacen pesadas en ningún momento, el narrador omnisciente nos va mostrando unos paisajes que, junto con los personajes, se mueve de una cordillera a otra, atravesando las llanuras y cruzando los ríos, para llegar a las tierras lejanas, esas en las que el hombre blanco acaba de asentarse y se ha descubierto oro.

Esta es una novela muy especial. Creo que a todo lector amante de las aventuras, que ha disfrutado en algún momento de las películas del oeste, o de las novelas de Zane Grey, de James Oliver Curwood, de Karl May, o incluso de Marcial Lafuente Estefanía, puede disfrutar. Creo que si Sergio Leone pudiera leerla, no dudaría en hacerla suya. Con ella, estoy segura, Abercrombie ha querido rendir un sentido homenaje a un género que hoy por hoy no goza de excesivo prestigio, pero que sin duda, ha disfrutado como espectador atento.

Literariamente, no es una obra maestra de la literatura. Ya hemos dicho que su estilo es muy simple y directo, y su prosa muy escueta como para que podamos considerarlo así, pero sin duda, es una gran novela, narrada con mucha agilidad y que engancha con habilidad al lector. Tampoco se puede considerar una novela comercial. La carga de crudeza, la cantidad de capas y matices de los personajes y los guiños continuos al género la hacen adecuada a lectores que gustan de la crudeza del cine de Tarantino o de Sergio Leone. No hay nada edulcorado ni almibarado, y cuando piensas que estás en una escena de esas características, el autor consigue darnos con ella en las narices y dejarnos un tanto tambaleando.

Como fallos a señalar, pues no es una obra perfecta, cabe nombrar una traducción, en algunos momentos, poco afortunada a la hora de redactar las frases, así como dos páginas en las que sin venir a cuento, y sin que se repita en otro momento de la novela, cambia del tiempo pasado al presente y retoma el pasado a mitad de párrafo en ambas ocasiones, cosa que descoloca un tanto al lector. Una corrección más esmerada no habría venido nada mal.

Pese a ello es una buena novela, muy recomendable, altamente adictiva. Yo he disfrutado mucho con ella, pero creo que el lector debe saber qué es lo que se va a encontrar, ya que, al estar el autor encasillado en el género fantástico, puede decepcionar a quien busca magia, dragones, vampiros o razas extrañas.

Eso sí, cabe señalar el acierto de los portadistas. El diseño de la cubierta es realmente atractivo y acorde al contenido.

Solo espero que si algún lector de esta reseña se hace el ánimo de leerla, la disfrute tanto como lo he hecho yo.



viernes, 7 de febrero de 2014

REYES DE AIRE Y AGUA, de Jesús Fernández Lozano

Ficha técnica:

Título: Reyes de Aire y Agua
Autor: Jesús Fernández Lozano
Editorial: Cápside
ISBN: 9788494060632
Páginas: 248
Ilustración de portada: Olga Esther.

Sinopsis:
Todas las historias tienen algo de verdad y de mentira, pues son tan ciertas o tan falsas como el hombre que las cuenta. Prestadme oídos en esta ocasión, pues mi abuelo me contó esta historia, y de todas las cosas buenas o malas que hizo, en esta vida, jamás mentira alguna salió de sus labios en las muchas ocasiones en las que habló conmigo. Así como él me la contó, yo os la cuento, honradas gentes, para que andéis precavidas en el comercio con las hadas y aprendáis que sólo dificultades pueden esperar los que se cruzan con tan extraño pueblo.

Opinión personal:
Lo primero que me llamó la atención de este libro fue su portada. Magnífica para mi gusto, evocadora y a la vez intensa. En primer plano, una niña, en escorzo,  nos invitara a seguirla, a adentrarnos en el libro. Al fondo de la imagen, un bosque gris y brumoso que se adivina en la lejanía. A su lado, un rey sapo, enorme y coronado, la observa con sus ojos saltones, hierático. Destacan dos colores con fuerza: el rojo de los labios infantiles, a juego con el jubón sin mangas que lleva la niña sobre un tutú blanco, y el negro de unas alas de cuervo que brotan en su espalda. Negra es también máscara en forma de pico de esa ave que le cubre parcialmente la cara. En la contraportada, un gato negro, acompañado de luciérnagas, también parece conducirnos tras un árbol, al fondo del bosque. 
Ambos, la niña de la portada y el gato, nos invitan a acompañarlos, a adentrarnos en la espesura del mundo feérico.
Y eso hacemos.
De la mano de un precioso poema, nos introducimos en un libro de cuentos de hadas, al más puro estilo de las narraciones antiguas, esas que nos contaban las abuelas a la luz de la chimenea, como se han de contar los historias de hadas. Historias que no deberían pasar de moda, que siempre tendrían que acompañar a los niños, cuando se duermen con el corazón trémulo de deseo de aventuras y de temor a las mismas al mismo tiempo. Adentrarse en el mundo de las hadas, como bien se dice en el libro, es a la vez maravilloso y peligroso, pues seres extraños lo pueblan y nunca sabes de qué humor vas a hallarlos.
Cinco preciosos cuentos entrelazados nos conducen por un mundo fantástico al más puro estilo clásico, con animales que hablan, magos malvados y bondadosos, hadas que conceden deseos, enanos avarientos, castillos mágicos, princesas encantadas y trovadores enamorados. Y enmarcándolos, al principio y al final, dos bellísimos poemas, dos hermosas canciones que se clavan en el alma como el junco en el estanque, y ahí permanecen, para siempre, en el corazón de quien los lee.
Los distintos argumentos tienen un sabor añejo, familiar, como si fuera un cuento mil veces contado que, a la vez, es nuevo, nunca oído. Ese es uno de los factores en los que radica la maravilla de este pequeño volumen. Sus historias, tiernas, emotivas, capaces de sacarnos una sonrisa y una lágrima, nos dejan el regusto amargo que narraciones eternas. Ahondando en las más profundas raíces europeas, nos cautivan con rapidez, y sus escasas 240 páginas se nos hacen aún más escasas, saben a poco, a muy poco, y nos dejan con ganas de más, tanto por las historias como por los temas que tratan.
No son cuentos con moraleja al estilo de las fábulas, ni aleccionadores como los más clásicos, pero sí que consiguen hacernos pensar. Sobre el destino, sobre nuestra función en el tejido de la vida, sobre cómo nuestros actos repercuten en los demás y cómo los de los demás lo hacen en nosotros. Sobre la honestidad y el amor. Y en todos ellos encontramos trampas, guiños y, al final, como tema principal, la amistad entre todo tipo de seres.
Los distintos personajes que pueblan este libro, están vivos, muy vivos, y son tan reales, a pesar de ser gatos fantasmas, grillos que hablan cantando, fuegos fatuos, hadas verdes o hermosas carpas doradas, que en ningún momento dudamos ni de su existencia ni de su personalidad. Jesús sabe muy bien dar volumen con cuatro pinceladas a los habitantes de su mundo con tal fuerza, que se comparten con ellos penas y alegrías, emociones y esperanzas.
Lo consigue gracias a un estilo barroco pero, a pesar de ello, elegante, sin caer en la sobreadjetivación abusiva que encontramos cuando el vocabulario es escaso y abundan los lugares comunes. El autor huye de ello y, sin embargo, su prosa rica y trabajada nos deja ese sabor de las narraciones antiguas, de los cuentos con olor a chimenea y al moho de los libros viejos. Ese lenguaje tan bien dominado nos arrastra con rapidez por ese agujero profundo hasta el país de las maravillas, donde todo es creíble y armónico, pues los cuentos, a pesar de ser de diferente longitud, mantienen una estructura coherente y un ritmo pausado, sin ser lento, que nos va a permitir paladear la prosa exquisita y el estilo impecable.

Jesús consigue lo que se propone, contarnos cuentos de hadas, y no solo lo consigue sino que lo hace muy bien. Es un libro mágico para que nuestros hijos se queden prendados de ese mundo fantástico de las hadas, pues es digno, por su musicalidad, de ser leído en voz alta. También para que nosotros, más adultos, nos sumerjamos con deleite entre la bruma del mundo arcano. 

Respecto a la parte técnica, cabe destacar, aunque no debería ser lo excepcional, sino lo habitual,  la ausencia casi total de fallos y erratas que hablan de una cuidadosa edición. Solo dos letras bailadas que son de muy difícil detección y que considero erratas sin importancia. 


martes, 10 de diciembre de 2013

ROBIN HOOD, EL PROSCRITO


1.                    Datos técnicos
         Título: Robin Hood, el Proscrito
         Autor: Angus Donald
         Nº de páginas: 448 págs.
         Encuadernación: Tapa dura
         Editoral: EDHASA
         Lengua: CASTELLANO
         ISBN: 9788435062008


2.                    Sinopsis
Alan Dale, el joven protagonista de esta novela, se ve abocado a un futuro incierto cuando es descubierto robando y, atemorizado, sus pasos le llevan al bosque de Sherwood, donde entra en contacto con una banda de forajidos cuyo cabecilla, Robin Hood, impone su propia ley: roba a los ricos y a la Iglesia y protege a los pobres; sin embargo, su protección tiene un precio. Un precio que no se paga con dinero, sino con sangre. Los delatores son mutilados, los traidores, asesinados. Nadie escapa a la justicia del temido Robin Hood. Con un más que notable pulso narrativo, Angus Donald irrumpe en el género de la novela histórica con una versión realmente nueva de la figura legendaria de Robin Hood. Duro e implacable, salvaje y vengativo, es muy probable que el suyo sea un personaje mucho más cercano al hombre verdadero que el edulcorado mito tradicional.


3.                    Mi opinión.
Novela histórica ambientada en la Inglaterra del siglo XII, comienza bajo el reinado de Enrique II y nos narra las aventuras de Robin Hood a través de los ojos de Alan Dale, su compañero juglar. Angus Donald intenta transmitirnos una visión del famoso proscrito inglés, más cercana a lo que pudo ser que a las visiones románticas edulcoradas por el cine, que han grabado en nuestras mentes la idea del proscrito caballero que socorre a los pobres y roba a los ricos. Y lo consigue. Su novela es cruda, sórdida a veces, muy realista y muy bien ambientada en una época en la que la vida era dura y la muerte fácil. Es una novela alejada de romanticismos, escueta y directa, que he leído con agrado y he disfrutado bastante.

Muy correcta en el desarrollo de la trama, sin gazapos argumentales, bien documentada y bien ambientada, muestra una estructura tan sólida como coherente. El autor nos sitúa la novela en su marco histórico adecuado, con las intrigas cortesanas imperantes en la obra. Mostrándonos personajes como Leonor de Aquitania y su corte, nos traslada con habilidad a la época. Solo un pequeño error, atribuible más al traductor que al autor, según tengo entendido, me ha llamado la atención: la comparación que se hace del pelo de Marian con el maíz, y el uso de este vegetal en otro momento de la novela.

Es sin duda una buena novela de aventuras históricas, con personajes definidos, descritos adecuadamente, con pocas y precisas pinceladas que no abundan en el detalle.  A pesar de ello, la novela posee un defecto, muy habitual en el género histórico: el autor suele usar a los personajes como medio de contar un fragmento de la Historia; no nos cuenta la historia de Alan, joven campesino hijo de un músico francés, sino que se vale de ella para contarnos la historia de Robin, proscrito inglés. Esto suele ser causa de que me cueste empatizar con ellos, ya que así la personalidad de los personajes queda un poco diluida. Esto no es algo que merme ni su interés ni su calidad, solo es un punto al que yo le concedo mucha importancia y que pocas novelas hoy día alcanzan a satisfacer.

Los personajes son creíbles, eso sí, sus hechos y sus palabras son consecuentes con lo que el narrador nos cuenta sobre ellos, con su sexo, su edad, con la época en que viven y con la clase social a la que pertenecen. Son personajes de su época en los que no chirrían ni expresiones ni comportamientos actuales. En el caso de Marian, personaje femenino atípico en la leyenda que se nos ha transmitido, sabe jugar con esa faceta de mujer de la corte enamorada del proscrito con habilidad, sin caer en pensamientos modernos que nos saquen de la historia ni en romanticismos trasnochados.

Quizá el menos definido, y el más importante, sea el mismo Robin que da nombre a la saga, pero esto es debido a que, aunque se trata de la figura central en torno a la que gira toda la historia, no siempre está presente; ni siquiera tiene punto de vista, al estar narrada en primera persona por el joven juglar.  
Respecto a la estructura, esta novela está muy bien cimentada. Se nota que hay una importante planificación detrás que hace que tenga bases bien asentados en torno a las que se va consolidando de una forma muy profesional. Los capítulos se desarrollan de forma muy acorde con la narración, creando una linealidad temporal que da continuidad a la historia.

Respecto a la coherencia, he de señalar que, salvo la anecdótica mención del maíz, en el resto de la novela  no cabe mencionar nada reseñable. Los personajes son coherentes consigo mismo, sus hechos con sus palabras y con la época y las circunstancias en las que se mueven, dando a toda la novela una alta credibilidad que nos sumerge con facilidad en el ambiente.

El argumento, lleno de vivencias y aventuras, mantiene la tensión de la obra de una forma continua y hace que la acción fluya hacia adelante y nos arrastre en la lectura.

La narración en primera persona por el joven Alan hace que el resto de los personajes se diluyan un tanto, con lo que se pierde un punto importante de empatía. Si el autor quería de esta manera acercarnos a la novela y atraernos, no lo ha conseguido, pues el joven Alan queda un poco plano, y ahí se pierde la capacidad de enganchar al lector que tan importante es en la literatura. Puede que este sea el mayor defecto de una novela que en su factura técnica se puede decir que queda redonda, ya que,  más que acercarnos a la novela, nos aleja como lectores.

Como resumen valga resaltar en positivo la ambientación, la solidez y la nueva visión de la leyenda bajo un prisma realista y duro. También deberíamos valorar en alza la prosa directa y elegante, y el estilo directo y culto que utiliza, al carecer de sobreadjetivaciones, y sin caer en un registro vulgar. Novela histórica sólida, de agradable lectura y suficiente calidad como para recomendarla a quien no esté muy harto de nuevas revisiones de un mito demasiado sobado.

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