En esta segunda parte del artículo sobre Wagner y su Tetralogía del anillo del nibelungo voy a comentaros solamente las óperas en sí, brevemente, para que tengamos una idea del argumento y la historia que nos narran. Veréis en determinados momentos que hay palabras que enlazan a fragmentos de las óperas. Espero que los fragmentos elegidos sean de vuestro agrado. prácticamente están las óperas al completo pero muy troceadas, porque amenazaros con 14 horas de gorgoritos alemanes (que es la duración completa de las cuatro piezas), por muy buenos que estos sean, si no sois forofos del tema, es como exigir a alguien a quien no le gusta la fantasía épica que se lea “Canción de hielo y fuego”, los siete volúmenes seguidos (en el caso en el que estuvieran ya escritos): Por muy buena que nos parezca la obra, se atraganta a quien no es aficionado al género.
Como ya hemos comentado antes, Wagner es su propio libretista. Desde que descubre el manuscrito de la saga de Sigfrido en una biblioteca, la historia le absorbe, le obsesiona, y al final acaba convirtiéndola en el mayor drama lírico de la historia de la música.
En el desarrollo de las cuatro óperas vamos a ver como la trama argumental, en algunos momentos, difiere de forma muy clara con la saga original. Wagner, gran conocedor de los antiguos cultos y admirador del trabajo que los hermanos Grimm estaban realizando para rescatar el folklore y la mitología germana, adapta diversos mitos y personajes, los modifica y los hace brillar en una historia más coherente y más acorde al gusto romántico del momento.
Pero no solo es el mayor en cuanto a duración, sino en cuanto a complejidad y riqueza musical, ya que Wagner fue pionero en varios avances del lenguaje sinfónico, tales como un extremo cromatismo (asociado con el color orquestal) o el cambio rápido de los centros tonales, lo que influyó en el desarrollo de la Música clásica europea. En las cuatro óperas se mantiene el famoso acorde en mi bemol que va dando forma a cada uno de los “leivmotivs” de cada una de las óperas. Por desgracia, la parte musical no es lo mío. Si esperabais que lo comentara, lo siento, no puedo hacerlo, pero agradeceré cualquier aclaración en ese campo. Todo aquel que quiera es libre de participar, y todo comentario será muy bienvenido.
El oro del Rin
Acto I:
Cuadro 1: La ópera comienza en el fondo del río, donde las Hijas del Rin custodian el oro sagrado. La famosa obertura en mi bemol se va desgranando lenta y solemne como el oleaje. Alberico, el enano del Nibelheim, el nibelungo, molesta a las ninfas acosándolas, hasta que se percata de la existencia del tesoro. Estas entre juegos le confían que aquel que forje con él un anillo de ilimitado poder dominará el mundo. Pero para poder forjar ese anillo debe prescindir por completo del amor. Pero ¿Qué significa el amor para un enano feo y velludo? Alberico trepa a la roca, roba el oro y huye con él.
(¿A algún fan de Tolkien le suena esto?)
Cuadro II: sobre un montículo, Wotan y su esposa Frika descansan, mientras contemplan complacidos el castillo del Walhalla que les han construido los gigantes Fafner y Fasolt a cambio de la promesa de entregarles a Freya, diosa de la belleza y el amor. Para evitar el pago, Loki idea un plan para engañar a los gigantes, ofreciéndoles a cambio de la diosa el oro del nibelungo, que ha forjado ya el anillo en el Niebelheim, a donde descienden Loki y Wotan para recuperarlo.
Acto II:
Cuadro I: En el Niebelheim, Alberico reina como tirano absoluto, y además del anillo ha forjado con el oro del Rin un yelmo que permite desaparecer y cambiar de forma. El astuto Loki desafía a Alberico a probar a trasformarse con el casco, y cuando lo hace en un sapo, lo atrapan, le arrebatan el casco, y bajo la amenaza de matarlo con esa forma, le obligan a entregarles todo el oro.

La Walkiria
Un hombre desarmado y rendido, busca cobijo en la cabaña de Hunding, el cazador, que está ausente. Su mujer, Siglinda, le ofrece de beber, y cuando quiere marcharse le ruega que espere la llegada de Hunding. Cuando este regresa le sorprende la extraña semejanza entre su esposa y el recién llegado. Cuando el huésped cuenta su historia, Hunding reconoce al enemigo al que ha jurado perseguir y exterminar. Cumpliendo las leyes sagradas, le hospedará por esa noche, pero al día siguiente le retará a un duelo a muerte. Después de haberse retirado todos a descansar reaparece Siglinda, inquieta y acaba por reconocer en el recién llegado a su hermano Sigmund. Ambos son hijos de Welse y además sienten un amor intenso entre ellos. Solo Sigmund puede arrancar del árbol sobre el que está construida la cabaña, a Nothung, la espada que el dios dejó clavada para salvaguardar a su hija. Sigmund la arranca y ambos huyen juntos esa noche. Llevados por la pasión yacen juntos aun sabiendo su parentesco. Cuando Hunding se percata de la huida de su esposa, clama a Frika, diosa del matrimonio sobre el perjurio de Siglinda
Acto II:
Entre rocas, Wotan ordena a su hija preferida, la valkiria Brunilda que ayude a Sigmund en el combate que tiene que librar contra Hunding. Pero también le advierte que el esposo de Siglinda no debe ser llevado al Valhalla cuando caiga, pues es indigno de él.
Brunilda se va contenta y aparece Frika, la esposa de Wotan y diosa del matrimonio y el honor, que odia a las valkirias, a Wesle y a sus hijos y ha oído la queja de Hunding sobre la profanación de su unión. En base a las leyes establecidas por el propio Wotan sobre el incesto y el matrimonio, exige el justo castigo sobre los hermanos. Cuando vuelve Brunilda, se asombra del cambio de decisión de su padre, que decide dar la victoria a Hunding, y promete obedecerle, pero en el momento de la batalla, no puede hacerlo e intenta ayudar al joven héroe. Pero Wotan aparece, rompe la espada con su lanza y Hunding hiere mortalmente a Sigmund. Wotan, furioso por la muerte de Sigmund fulmina con la mirada a Hunding y anuncia el castigo de Brunilda por su desobediencia, que ha huido en su caballo para poner a salvo a Siglinda, que ha recogido los pedazos de Nothung.
Acto III:
En la roca de las valkirias, las doncellas cabalgan entre nubes y lanzan sus agudos gritos de guerra, acompañadas por una de las marchas más famosas de la historia de la música. La última que llega es Brunilda, con Siglinda. Todas quieren ayudarlas, pero cuando aparece Wotan huyen. El dios anuncia que Brunilda perderá su condición divina y deberá dormir sobre la roca hasta que el beso de un héroe la despierte y la redima por amor. Ni siquiera se aplaca cuando su hija le anuncia que un nuevo héroe nacerá de Siglinda pero amándola como la ama, la rodea de un fuego mágico que solo podrá ser atravesado por el héroe que no tema a la lanza de Wotan. El dios besa en la frente a la valkiria, con lo que ella pierde su condición divina, y llama a Loki, el dios del fuego para que rodee la roca con él. Desde el centro del círculo en llamas, Wotan pronuncia el conjuro que impedirá franquearlo a todos, salvo al héroe sin miedo y sin tacha. Luego lo atraviesa él mismo y se aleja, dejando a la valkiria dormida en su lecho de fuego
Sigfrido.



Avisado por el pájaro, desconfía de Mime, y cuando este intenta envenenarlo lo mata. De nuevo se escucha la voz del pájaro anunciando que la presencia en la roca rodeada de fuego mágico, de una virgen que espera al héroe. Es Brunilda dormida. Sigfrido intuye su destino y parte hacia ella.
Acto III:
Cuadro 1: Wotan invoca a Erda, la diosa de la tierra a la que confiesa su desencanto, y que solamente espera ya el fin del Valhala y del mundo de los dioses, inevitable desde que Sigfrido posee el anillo. Llega el joven guiado por el pájaro del bosque y pregunta a Wotan el camino de la roca de Brunilda. Hablando con el dios, éste se da a conocer como el que decretó la muerte de su padre y Sigfrido lo ataca con la espada, de tal forma que destroza la lanza del caminante y es el dios el que se retira vencido mientras que el joven héroe corre hacia Brunilda.
Cuadro II: cuando Sigfrido atraviesa el fuego mágico cree que la valkiria con su armadura es un guerrero, pero al quitársela y descubrir a la joven siente un miedo que ni Mime, ni Alberico, ni Fafner habían sabido infundirle. Cuando Brunilda despierta descubre el amor en brazos del héroe y no siente en absoluto haber perdido su condición divina.
De nuevo estamos ante uno de los grandes dúos wagnerianos de amor, el que simboliza y expresa el consentimiento de la valkiria convertida en mortal, pero feliz ante el amor apasionado y humano.
El ocaso de los dioses
Prólogo:
En la roca de las valkirias, las tres nornas, hijas de Erda tejen el hilo de la vida mientras cantan con pesimismo la actitud derrotista de Wotan que ya solo espera el fin. Este se precipita cuando el hilo que tejen se enreda y se rompe: es un mal augurio.
Aparecen Brunilda y Sigfrido que se despiden, pues el héroe precisa partir en busca de nuevas hazañas. Es su sino. En prenda deja a Brunilda el anillo maldito, y ella a él sus armas y su corcel llamado Grane. Sigfrido se aleja tocando su trompa de caza, y se desarrolla un interludio, el célebre viaje de Sigfrido por el Rin.
Acto I:

Cuadro II: Brunilda, junto al río, ve las hijas del Rin, que le piden que le devuelva el anillo que lleva en el dedo, pero ella se niega. Llega Sigfrido con la apariencia del rey gracias al casco mágico y en combate la vence, le arrebata el anillo, se lo pone en el dedo y se la lleva al castillo de Gunther.
Acto II:

Acto III
Cuadro I: En el bosque, durante una cacería las hijas del Rin reclaman a Sigfrido el anillo, pero este se niega a entregárselo. Llegan el resto de los cazadores y Hagen lo mata por la espalda. El cadáver de Sigfrido es trasladado a palacio a los acordes de la célebre marcha fúnebre

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